Navegar por

Polución Nocturna-Segunda Entrega

Por Mercurio Sosa-

Rolo Barthes nació en Cherburgo el 12 de Noviembre de 1915, era de escorpio.  Fue un apasionado de los deportes hasta que en 1980 se lo llevó puesto una camioneta en París y lo mató. Él decía que el fútbol es la adaptación moderna del teatro, por su gran función social; porque reunía al barrio en una experiencia común.

¿Por qué amar el fútbol? Se preguntaba Rolo. Él creía que todo lo que le sucede al jugador también le sucede al espectador. Pero mientras que en el teatro el espectador sólo es un mirón, en el deporte es un actor.

“Aquí mirar no solamente es vivir, sufrir, esperar y comprender, sino que es también, y es sobre todo, decirlo con la voz, con el gesto, con la cara: es manifestarlo ante el mundo entero. En una palabra, es comunicar.
Finalmente, hay en el hombre unas fuerzas, unos conflictos, unas alegrías y unas angustias; el deporte las expresa, las libera, las quema, sin dejar que nunca destruyan nada. En el deporte el hombre vive el combate fatal de la vida, pero ese combate está distanciado por el espectáculo, reducido a sus formas, liberado a sus efectos de sus peligros y sus vergüenzas: ha perdido su carácter nocivo, pero no su esplendor ni su sentido.”[1]

Yo soy gallina, mi familia es gallina desde que llegaron en los barcos. Mis abuelos iban a almorzar a River, y veían a las inferiores que jugaban el mismo día, esperaban sentados al partido de primera. Era todo un espectáculo, un programa familiar de fin de semana. Luego al fútbol lo compró la oscuridad, gente sin pasión, que sólo quiere lavar plata sucia. Tienen sus pequeños ejércitos que se disputan el protagonismo con los jugadores, que van armados en los furgones de los trenes. Eso hizo que mucha gente decidiera ver los partidos por televisión (eso y los valores astronómicos de las entradas) y durante diez años pudimos disfrutar de ver fútbol en la comodidad de nuestras casas. Pero un día a alguien se le ocurrió que era demasiado, que un laburante que se pasa nueve horas de su vida en un cubículo haciendo un laburo que odia; o un jubilado que aportó durante más de 25 años a las arcas de los multimillonarios gobernantes. Era demasiado para ellos, un lujo, así que esa persona decidió venderlo (vender algo que no es suyo) al peor postor, y así es que hoy para ver fútbol tenés que pagar el cable digital, el hd y el pack fútbol. Lo que gasta una persona promedio mensualmente en alimentarse. De cuarenta millones de argentinos hay solo ochocientos mil decos, eso te dice todo.

En fin: El bostero que vive en la esquina de mi casa es un borracho amable, se sienta en lpolucion dosa entrada del edificio cascoteado donde vive y toma cerveza caliente que compra en el chino que está al lado de casa. Para él Boca es su vida, vive para su club, cuando gana tiene una de esas borracheras alegres, incluso a veces se pone camisa y perfume, y se compra una cerveza fría. Pero es cuando pierde que todo su mundo se viene abajo.
Siempre disfruté ganarle a Boca, gastar a mis amigos, y recibir el gaste cuando perdía. Pero el lunes 22/1 fue la primera vez que sentí dolor. El primer superclásico se jugó en Mar del Plata el 21. River ganó 1-0 con gol de Santos Borré. Obviamente no lo pude ver, así que me enteré el resultado al día siguiente. El bostero de la esquina tampoco puede darse el lujo de tener un deco, así que también se enteró de la noticia el lunes. Cuando pierde boca compra el vino más barato, venenoso y alquitranado que encuentra en el chino, y arranca el círculo autodestructivo que va in crescendo conforme pasan las horas.

Al mediodía ya mostraba las marcas de un oscuro pasado, una cicatriz que le recorre todo el tórax, los brazos entintados por un tatuador sin oficio. A las cuatro de la tarde comenzó ese llanto melancólico, esa especie de pedido de auxilio que decía “esta es la banda de los bosteros, es la más grande del mundo entero” La voz quebrada; el sollozo melódico se repitió como un mantra durante una hora, golpeó los contenedores de basura que deja el gobierno de la ciudad para darse ritmo, ánimo. Incluso intentó encontrar complicidad en los choferes de colectivos, revoleando la camiseta, con los ojos vidriosos al ritmo de “dale bo, dale bo”

Si Rolo viviera, le pediría que replanteara la parte donde escribió “ha perdido su carácter nocivo” Le pediría que venga a la Argentina y que conozca al bostero de la esquina, que vea lo que pasa cuando a un hombre lo privan de lo único que da sentido a su vida. Quizás un análisis más certero es el de Huxley  cuando dice:

“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían en evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos tendrían el amor de su servitud”. [2]

Pero bueno volvamos a Rolo; creo que Rolo la clava al ángulo cuando tira una de esas frases hermosas, que parecen caer casi sin esfuerzo, cuando dice:

“La que se alza con la victoria es una cierta idea del hombre y del mundo, del hombre en el mundo.”  [3]

Sublime.

[1] Roland Barthes – Del deporte y los hombres (2008)

[2] Aldous Huxley – Un mundo feliz (1932)

[3] Roland Barthes – Del deporte y los hombres (2008)

Facebook Comments
Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook