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La nena que eructaba melodías gonzo

Por  Mercurio Sosa

Me llegtapa-julian-luceroó este libro de cuentos de “modesto rimba”, había visto ejemplares de esta editorial en varias librerías pero nunca había tenido el placer de leerlos. El autor es J.J. Lucero (Julián) y esta es la opera prima del escritor de la ciudad de Rafaela.

La tapa alude a lo que en su interior encontramos; una especie de oda esotérica a la oscuridad, donde lo fantástico y lo real juegan a atraparse. El título de este libro de quince cuentos es como un acertijo ¿por qué se llama así? Es el primer interrogante que se genera, y mientras pasamos las páginas, mientras leemos renglón tras renglón, encontramos a la nena, como un suceso cuasi trivial, rememorando al general de policía Felix Buckman, cuando en un renglón dijo “fluyan mis lágrimas, dijo el policía” poniéndole así el título a la obra de Philip K. Dick.

El cuento que más me gustó es Epitafios para sus yoes. Una narración fantasmagórica de diálogo entre la vida y la muerte, la historia de un antihéroe errante, cuyo final esperamos desde el comienzo. Quiero destacar también La chica pecosa y Los ojos de Cesar.

Habiendo leído el libro varias veces, y preparándome para la reseña, creo fervientemente que la mejor definición de esta obra la da Mauro Lo Coco cuando al final del prólogo dice: “Retorcido, perverso, deforme, bizarro es quien lee, habitante más temible aún que los personajes de los cuentos, cargado de intuiciones, fantasías, raras supersticiones. Leer estos cuentos implica asustarse de uno mismo y de lo que se es capaz de imaginar. Los relatos se vuelven entonces una máquina dispuesta para la sugestión. Así Lucero nos enfrenta a una angustiosa noticia: monstruo el que lee.”

Finalmente me gustaría destacar el ritmo de los cuentos, el tempo es altísimo, las frases llegan y se van con gran velocidad, parecen pesadillas de las que uno no termina de despertar. La imagen que viene a mi mente es la de despertarme transpirado y sofocado por un sueño aterrador, y segundos más tarde poder comprobar que faltan catorce pesadillas más, de las que me voy a levantar sofocado hasta finalmente poder dormir plácidamente.

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