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Entrevista a Eric Schierloh

Por Mercurio Sosa |

Barba de abejas es una editorial artesanal que persigue la idea de volver al libro como un objeto preciado y coleccionable. Eric Schierloh, editor, escritor y poeta, es el creador y el encargado de llevar a cabo tamaño emprendimiento.

¿Cómo llegaste a la realización de tu editorial?

A fines de 2010 y por varios motivos, entre los que puedo nombrar la comprensión de los mecanismos del sistema editorial industrial tradicional, la inquietud por dinamizar e interdisciplinar la quietud de la escritura, cosas que vi en la feria de Guadalajara aquel mismo año, algo del ciclo vital de 7 años de todo ser vivo, mi capacidad de trabajo, un accidente y dos o tres largas meditaciones profundas revividas varias veces, decidí crear lo que entendí que sería el mejor contexto para publicar algunas de mis obras, tanto de poesía y ficción como en traducciones. El mejor contexto para hacer eso es, sin dudas, una editorial; no meras ediciones aisladas de autor sino un catálogo, una serie de obras reunidas tanto literaria como gráfica y nominalmente (y en el caso de la edición artesanal, también materialmente), con la idea de invitar a otros autores en el futuro. Además, de esta forma agregaba a la escritura la dinámica de otras disciplinas, materiales y procesos, como el dibujo, la edición y, sobre todo, la encuadernación.

Veo que tenés un perfil de viajero, de beatnik nómada, que con su mochila al hombro conoció los paisajes más profundos de la Argentina. ¿Algún viaje que nos quieras contar?

La verdad es que no he viajado mucho, si se piensa la cosa de manera normal. Yo considero viajar mucho a haber pedaleado miles de kilómetros por caminos rurales para llegar adonde sea que haya que detenerse. Los mismos lugares siempre cambian, y más cuando se llega a ellos con esfuerzo y se pasa allí un buen rato. Esa es la idea de viaje que más me interesa, que da forma a mi escritura y que se retroalimenta con todo lo demás en mi vida: el remo, el dibujo, la pesca, la caminata, la poesía en un sentido amplio, la muesca que es la escritura y que lo es todo, la vida en familia, la huerta. Quiero decir que mis viajes son alrededor de aquí mismo, a no más de 150 km de mi casa, a pie o en bici, o a no más de 50 km de otra casa en la que paso varios momentos del año con mi compañera de vida y nuestros dos hijos. La idea del viaje exótico, más de turista que de viajero, no me interesa literariamente (con la sola excepción de mi cuarta novela, El maguey–que pronto editará Club Hem de La Plata–, donde México es una excusa). Regreso textualmente a ciertos lugares todo el tiempo (Oliden, Mar de Cobo, Villaguay, Bartolomé Bavio), aunque no siempre físicamente. Construyo con eso.

 ¿Cómo decidiste el catálogo? En una editorial el catálogo es todo, y en Barba de Abejas parece estar construido con ojo clínico.

El catálogo es algo así como la puesta en obra y tomos del gusto propio y la necesidad de compartirlo, y creo que el de Barba de Abejas refleja bastante bien buena parte de mi bibliovisión, o cosmovisión literaria. En principio se fue armando con algunas traducciones que ya tenía hechas para 2010, aunque también con otras que fui haciendo a lo largo de 2011. El catálogo es la columna vertebral o el tronco de un proyecto editorial; poder alimentarlo con calidad y coherencia, darle tiempo para que se desarrolle y ramifique sin desvirtuar su origen y destino, es una de las cosas más importantes. Ahí es donde se juega parte de la independencia editorial, por ejemplo.

¿Cómo nació la idea de editar Por Favor Planta Este Libro?

En algún momento me interesé por The Edna Webster Collection of Undiscovered Writings, un libro muy peculiar que reúne textos de juventud de Richard Brautigan. A partir de allí, no sé cómo, llegué a Please Plant This Book. Y yo justo buscaba un título para inaugurar la colección “Fetiche”, que se sale del formato habitual de los libros de Barba de Abejas, para acercarse todavía más a la categoría y estatus de libro objeto. Así fue como decidí traducirlo y diseñar mi propia versión del libro, que conserva la idea del poema-sobre, aunque le sumé la encuadernación de los libros cartoné (abierta) y está intervenida con dibujo, pintura y un libro mío arborícola, escrito lo más cerca del territorio Brautigan que he llegado a estar hasta ahora: México.

Quería comentarte que a mí, personalmente, tus libros me encantan, y sé que te fue muy bien en la última edición del Fondo Nacional de las Artes. Por último, preguntarte ¿Cuándo va a estar el libro de William Burroughs en las librerías de capital federal? Estoy ansioso por conseguirlo y sumarlo a mi colección personal.

Está disponible desde el año pasado. Ocurre que, como yo no consigno los libros y los libreros deben comprarlos en firme, no está todo el catálogo disponible en ninguna de las librerías, y menos en todo momento. Hay que buscarlo, y si no escribir al mail o la página de Facebook de la editorial, y esperar una encomienda del correo. Podrías intentar en La Libre (San Telmo), y en Clásica & Moderna (Recoleta).

¿Cómo haces para manejar el choque de personalidades entre editor y escritor; cómo se libra esa batalla interna?

No hay tal choque, y mucho menos batalla. Para mí, escribir, editar, traducir, dibujar y encuadernar forma parte de lo mismo desde 2010. Hasta entonces, la escritura era como una sesión de sedentarismo voluntario; desde hace 6 años la escritura se filtra en todo (y viceversa) en el contexto del taller, lo cual la ha modificado formal y temáticamente y le ha permitido reafirmar parte de su filosofía, por así decirlo, en y gracias a esta experiencia medio –como suelo decir– workstorming. Cuando estoy escribiendo un texto mío, ya sea poesía, una novela o un texto sobre la pesca, simplemente le hago lugar (lugares fragmentarios, intermitentes, casi de sesión) dentro del amplio trabajo en el taller. Cuando regreso a la escritura, regreso cambiado, habiendo experimentado y meditado otras muchas cosas, que de otro modo no hubieran ocurrido, y ese ciclo se retroalimenta constantemente. La curiosidad lo guía todo.

Por último, quería pedirte un favor: que les des un consejo a todos los que están estudiando Edición, son escritores independientes o sueñan con editar.

Lo primero que les diría es que no hace falta estudiar, en el sentido académico, edición o escritura (o encuadernación) para editar o escribir. Lo que hace falta es, como dije más arriba, una enorme curiosidad por esas disciplinas y por otras ligadas o que yo ligué a ella, como el deporte o el dibujo, la meditación o la carpintería; cada quien invocará lo que quiera en este punto. Ahora, si tienen la posibilidad de además sumar el estudio académico, les diría que lo hagan, al menos durante el tiempo que crean que les está siendo de utilidad y resultando placentero. Lo cierto es que, por fortuna, las ganas de editar o escribir no pueden diferirse por el estudio de esas disciplinas: a lo sumo se puede disciplinar uno para que convivan, pero no hay dudas de que a editar y escribir se aprende editando y escribiendo, aunque sea a pequeña escala y en un círculo reducido de amigos, pero pensando en ese todo que es cada cosa (lo que cada quien llamará MI edición, MI escritura, o MI lo que sea) desde el principio. Editar y escribir tiene que ser natural en nosotros, primero; luego incorporamos las mecánicas que nos permiten hacerlo y hacerlo mejor. Todo esto es para decir que soy un creyente en el (y casi un activista) autodidactismo, porque es el camino que se emprende sin obligación (que es la madre de la deformidad) y que te lleva siempre a brillantes lugares inesperados.

Contacto:

http://barba-de-abejas.tumblr.com/

https://www.facebook.com/barbadeabejas


Mercurio Sosa es un outsider, una sombra, que desde la penumbra, observa la sociedad.

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