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Quinta Entrega – La muerte de los seres queridos

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Por Mercurio Sosa-
Siempre tuve una relación extraña con la muerte; cuando era un niño tocó a mi puerta por primera vez, se trataba de mi tía Elena. Elena había sido una persona muy sensible, una mente extraordinaria, una lectora empedernida, pero por sobre todas las cosas siempre voy a recordar su corte de pelo, su voz que hoy llega a mi mente como un susurro que no puedo reconocer, que no puedo definir pero que se lo atribuyo a ella. Tenía unos ocho años cuando mi madre se enteró que estaba internada. Elena le había temido tanto a la muerte toda su vida, tanto que a veces se asustaba y se quedaba petrificada en donde estuviese. Era tal el poder que  ejercía sobre ella, que perdió relaciones, trabajos; prácticamente toda su vida, hasta que un día la encontró en la habitación de un hospital, y mientras Elena exhalaba su último suspiro, mi madre la veía con ojos agotados.
El segundo encuentro que tuve con la muerte fue cuando le tocó a la mamá de Benito. Benito es una de las personas más queridas de la ciudad-pueblo donde me crié. La noticia llegó un día que estaba en el colegio secundario. Cuando me enteré fui a su casa; todo Bella Vista se encontraba en su jardín, algunos rezaban en el cuarto donde Patty estaba siendo velada, otros estaban sentados afuera fumando, charlando. La energía colectiva en este caso fue distinta, todo el mundo se encontraba en paz y bien predispuesto. La situación se desarrolló con tranquilidad, la comitiva viajó hasta el cementerio; finalmente llegó el momento, el cajón bajó con ese sonido que nunca voy a olvidar, el cementerio era precioso, parecía el jardín del edén. La familia se quebró; Benito, que hasta ese momento había sido una roca…también. Patty había luchado contra el cáncer todo lo que pudo, pero el muy artero no se dio por vencido. Mientras Benito despedía el cuerpo de su madre, recuerdo el porte digno y firme, la mirada seria y melancólica de uno de mis mejores amigos .
La tercera fue el día de mi fiesta de egresados. Esa mañana mis amigos y yo nos habíamos despertado eufóricos, el punto de inflexión entre lo que nosotros creíamos que era la bisagra entre la adolescencia y la adultez llegaba ese día. La noticia nos golpeó a las siete de la mañana, debíamos reorganizarlo todo, porque esta vez le había tocado a la mamá de Lucila, nuevamente cáncer. Recuerdo que fuimos a su casa, todo estaba en silencio, el cajón en el otro cuarto. El silencio lo consumió todo, la tristeza era el silencio.

Mi hermano y yo habíamos hecho un viaje a con mi abuelo a Mar del Plata; en esas dos semanas nos enseñó muchas cosas, nos llevó a los mejores restaurantes, nos compró cervezas, y aunque mi hermano tenía 16 años y todavía no se había desarrollado él estaba inmutable. La gente nos miraba, mi abuelo sonreía. El viaje de vuelta se complicó y jamás lo volvimos a ver con vida. Llevé el cajón con orgullo una mañana de invierno a la bóveda familiar del cementerio de Vicente Lopez. Mi viejo lloró por primera vez. Otra vez cáncer.
Luego le tocó a la mamá del Neuky y Bubby; cáncer.
Cuando se murió mi abuelo fue que tomé plena conciencia de lo perecedero que era mí ser, que mi cuerpo moriría, todos los cuerpos mueren. Me sentí profundamente aterrado por la situación, en cualquier momento, en cualquier lugar, era vulnerable. Así que hice lo que cualquier persona hubiera hecho, me entregué a las drogas. La marihuana destruía esa sensación de paso del tiempo que era lo que más me aterraba, pero fue finalmente cuando la pude dejar, que entendí, que tiempo era lo único que había perdido inmerso en una visión donde flotaba por el cosmos sin ningún objetivo ni dirección.

Luego vino el turno de Ramón, el abuelo de Sol, mi mujer, que fue como mi segundo abuelo. De un día para el otro se sintió mal, lo internaron, morfina. Fue la primera persona de la que me pude despedir. Tardé ocho años en llorar la muerte de mi abuelo, tardé un mes en llorar la de Ramón. Cuando el abuelo de Sol se fue pasó algo digno del realismo mágico, llovió quince días seguidos, la tierra estaba purgando la vergüenza de haber dejado ir a uno de los mejores.

Luego le tocó a mi abuela Tere; que agonizó varios meses muerta en la camilla pero su cuerpo no lo notaba, cuando la cambiaban se le rompían los huesos. Tere le decía a mi mamá que Dios se había olvidado de ella. Un día alguien la vino a buscar y la velamos en la camilla del geriátrico. Era muy chiquita, la toqué y estaba fría, era la primera vez que tocaba un cuerpo muerto. No había nada vivo ahí, la chispa se había extinguido, sólo estábamos sus más allegados, que éramos muy pocos, pero todos los que ella hubiese querido tener presentes.

Finalmente le tocó a Nelly, la abuela de Sol, que luchó quince años contra el alzhéimer, para irse una mañana en paz.
Según los yoguis nacemos y vivimos toda una vida para aprender lo que es la muerte.
En mi opinión.
Somos una modulación; una onda senoidal[1] en la vibración del universo.

 

 

[1] Onda Senoidal
Una  onda  senoidal  está determinada  por  un  valor  máximo  de amplitud,  llado valor  “pico”,  y  un  tiempo  de  desarrollo  llamado  “periodo”.
La función senoidal gráfica  una onda   senoidal,  partiendo  de  “cero”, con  un  valor  pico  positivo, y otro   igual  negativo.
·         Cresta
La cresta es el punto de máxima elongación o máxima amplitud de la onda; es decir, el punto de la onda más separado de su posición de reposo.
·         LONGITUD DE ONDA(λ)
Es la separación que hay entre dos crestas o valles de carácter consecutivo. Esta longitud es proporcionalmente inversa a la frecuencia de la onda: así es que se puede establecer que la longitud de onda larga se vincula con una frecuencia baja, mientras que las longitudes de onda cortas corresponden a una frecuencia alta.
·         Frecuencia
Es el número de oscilaciones (vibraciones completas) que efectúa una partícula, del medio perturbado por donde se propaga la onda en un segundo.
·         Rapidez de una onda (v)
Es la velocidad a la que se propaga el movimiento ondulatorio. Su valor es el cociente de la longitud de onda y su período.v = λ/T
·         Valle
Es el punto más bajo de una onda.
·         Período(T)
El periodo es el tiempo que tarda la onda en ir de un punto de máxima amplitud al siguiente.
·         Amplitud(A)La amplitud es la distancia vertical entre una cresta y el punto medio de la onda. Nótese que pueden existir ondas cuya amplitud sea variable, es decir, crezca o decrezca con el paso del tiempo.

 

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