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Los femicidios como problema social y cultural

Por Rocío Deguer

Muchas personas, hombres y mujeres, no comprenden la consigna Ni Una Menos. No comprenden las marchas, no comprenden el problema de la violencia machista. Creen que se trata de un problema individual, que hay algunos hombres que “están locos” y que por eso hacer marchas no tiene sentido, porque las pibas no resucitamos, porque las pibas seguimos siendo asesinadas.

La violencia machista no es un problema individual, es la consecuencia de un problema social. De una cultura que sigue reproduciendo roles de género, de una cultura que pretende relegarnos a un papel de sumisión y aceptación porque “el mundo es así, siempre fue así, no digo que esté bien, pero es así”.

El mundo es así y por eso lo queremos cambiar. Por eso necesitamos visibilizar el problema, con marchas y con lo que haga falta para que la sociedad comprenda que estamos hablando de un problema social y no individual.

La reproducción de roles de género deviene en expectativas sociales hacia el hombre y la mujer, un deber ser que de no cumplir, habilita las justificaciones para ser asesinadas. Cuando no cumplimos con nuestro rol de género (estar en el hogar, no salir de noche, no ponernos determinada ropa, no salir solas, no tener vínculos sexuales con muchxs personas, no “hacernos respetar”), automáticamente aparece la justificación, también social, de “y qué hacía sola de noche”, “mirá lo que tenía puesto”…

Por eso cuando hablamos de femicidios no estamos hablando de un problema individual, estamos hablando de cambiar una cultura entera, una cultura que nos está matando todos los días por ser mujeres. Por ser mujeres y por no cumplir con los deseos de la sociedad. Por querer ser dueñas de nuestros cuerpos, de nuestros deseos, de nuestras vidas.

Vos, persona que no entiende el Ni Una Menos —quienes lo entendemos ya venimos dando este cambio—, fijate qué podés hacer para cambiar desde tu entorno esta realidad. No te quedes en silencio cuando alguien nos mande a la cocina, cuando nos digan qué ponernos y qué no, cuando escuches justificaciones, cuando nos griten por la calle (y vos tampoco nos grites en la calle, no somos perros, somos seres humanos con el mismo derecho a caminar en paz que vos).

No nos quedemos en silencio y marchemos todas las veces que sean necesarias para cambiar esta cultura machista y asesina.

Esta generación, la nuestra, es la que está delimitando el futuro de las siguientes generaciones. Este presente está condicionando el futuro de la misma forma que el pasado condicionó el presente. Estamos en un momento de lucha, de transición, para que las próximas generaciones se horroricen cuando lean que alguna vez la sociedad habilitaba esta violencia sin siquiera ser consciente. Porque no entender la consigna Ni Una Menos y creer que se trata de un problema individual es ser cómplice sin aceptarlo, y cuando algo no se acepta no se puede cambiar.

Aceptémoslo, tomemos consciencia y empecemos a cambiar por un futuro mejor, porque este presente ya está podrido.

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