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Alerta de spoiler: una comparación entre Netflix y CFK

Por Sebastián Mangione

Hoy acepté un desafío: relacionar a Cristina Kirchner con Netflix. Curiosamente, además de algunos chistes, se me terminó ocurriendo algo que quizás no sea tan descabellado. Voy a intentar explicarlo con claridad (o lo que me queda de ella).

En principio, es divertido pensar en el culto a Netflix que se está viviendo en los últimos tiempos.  Es divertido porque, al margen de las odas al sedentarismo que vemos en las historietas virales de Facebook o de la lluvia de spoilers que podemos llegar a sufrir si seguimos alguna serie muy vista, realmente hay muchas series muy buenas. Hay quienes hablan de una época dorada de la tv, a partir de la creación de “Los Soprano”, aquella serie producida por HBO en 1999 que llevaría a otro nivel  la calidad y profundidad de las historias. De allí en adelante podemos hablar de Breaking Bad, Game of thrones, The Walking Dead y Orange is the new black, sólo por mencionar algunas de las más exitosas. Aclaro esto porque es a partir de esa era televisiva que se genera el fanatismo más fuerte y diverso que la historia de la televisión haya visto jamás. La nueva forma de hacer TV ya no apunta a programas ATP para dejar de fondo. Las nuevas series se siguen y generan fans. Y esos fans son muy fans.

Ya me voy acercando a eso de lo que realmente quería hablar,  pero antes un poco de historia:

Los fans y la identificación no son algo nuevo. Ya desde los inicios del cine, Hollywood supo explotar el modelo de cine de identificación, en el cual a partir de un código de montaje y determinado modo de narrar una historia, sus espectadores sienten “empatía” e “identificación” con los personajes de la pantalla. Como para reforzar esto anterior: Disney construyó un imperio a partir de sus personajes, la imagen de Marilyn Monroe se encuentra en montones de remeras hasta el día de hoy, Star Wars (que es un tema aparte) tiene una religión.

Todos productos que nacen de este modelo de identificación y de cómo sus fans se toman la “ficción”. Sin querer profundizar en teorías cinematográficas, cabe aclarar que existen otros modos de hacer cine, pero el que a nosotros nos ha llegado con mayor afluencia es el hollywoodense. Y por supuesto, la televisión adoptó este modelo de identificación por una razón sencilla: es el que más vende.

Posta que ya estoy llegando.

Con el paso de los años, la tv fue cambiando mucho. Y llegó un punto en el que los límites de la ficción y la realidad se tornaron algo difusos. Las series ahora son de abogados, políticos, vendedores de meta anfetaminas, zombies (todos sabemos que existen los domingos a la madrugada) y demás, mientras que los “realitys” tienen situaciones cada vez más forzadas. De hecho hay realitys sobre oficios que tienen claramente una estructura dramática prediseñada, lo cual hace que las pautas de  género televisivo tengan que revisarse todo el tiempo. Pero hay algo que todos los programas exitosos tienen en común: Fans.

Ya estamos en la puerta. La pregunta que nos introduce al problema sería algo así:

¿Es muy loco pensar, dentro de una sociedad llena de fans, que un medio ficcionalice una sucesión de hechos reales muy complejos para generar esta empatía ciega y desenfrenada que otorgan los fans? Y no estoy hablando de que el medio mienta o no (lo hacen). Pero supongamos que no lo hiciera (lo hacen). La forma de construir el producto televisivo a fin de cuentas, puede tener elementos de los géneros de ficción, construidos con los códigos de la identificación. ¿A qué voy con esto? Un bueno, un malo, objetivos encontrados, personajes de reparto y fundamentalmente: un final. Es fundamental para el fan el final, el orgasmo del capítulo.

El show principal de este Netflix que armó el Grupo Clarín fue “Periodismo Para Todos”, que inventando títulos pegajosos (la ruta del…), generando personajes secundarios muy fuertes, con una tirana y un buen tipo, plantea el final de un guión escrito con mucha precisión: Cristina Kirchner tiene que ir presa.

La serie tiene de todo; mártires fiscales que mueren por la causa, un desalmado brujo omnipotente que por suerte murió dejando sola a su mujer. Jueces valientes y perseguidos, empresarios codiciosos y desalmados. Y por sobre todas las cosas tiene al mejor protagonista de todos: un hombre bueno y medio boludo que prometió volverse presidente y representarnos a nosotros ( sí, ¡a nosotros!) y derrotar a esta jefa del mal.

¿Cómo querés que semejante serie no tenga fans?

Como toda gran serie, tiene sus sideshows. Selectos panelistas que representan el sentido común (estar en contra del malo y a favor del bueno), coordinados por un gran fan rubio de la serie. Hablan de la serie y hacen algo que a los fans les es indispensable: generar teorías acerca de la serie. Hay otros sideshows y uno hasta lo conduce Majul, pero no interesa hablar de eso.

“Pará, vos estas negando la realidad”. No, de verdad que no. Hay muchísimas series que se basan rigurosamente en hechos reales. Cuando Dr. House le dice a un flaco que tose sangre que probablemente tenga cáncer, es posible que esté en lo cierto. Así como es probable que Jaime, Báez, López y algún otro que salga sean unos verdaderos hijos de puta. Pero una cosa no quita la otra: El tratamiento de la realidad sigue estando ficcionado, en House y en Periodismo Para Todos.

“Sí, pero los K tienen medios que hablan a favor de ellos”. Claramente. Pero la construcción que generó el Grupo Clarín con su show principal está mucho mejor escrita y armada. Saben mucho más de televisión. Los medios afines del gobierno no tenían más que compaginaciones de archivo y periodistas discutiendo sobre eso, parecido a los sideshows de Periodismo Para Todos. Pero faltaba algo: la serie principal. El generador de agendas semanales, el creador de títulos que se hacían eco en colectivos y subtes y el gran mentor. Es por lejos, una mejor grilla televisiva que la grilla K.  Y es por eso que Periodismo Para Todos tiene muchos más fans.

El fan es caprichoso y en tiempos de redes sociales, la gente que escribe tv lo sabe. El fan es ansioso y si lo hacés esperar mucho se pone violento. Así que esto de que Cristina no vaya presa es un tema.

Vos te estarás preguntando si no estaré exagerando pero posta te digo: mirate la serie y fijate. Si Star Wars tiene una religión, ¿Periodismo Para Todos no puede ganar una elección?

Y no importa que la justicia no le encuentre causas a Cristina para ir presa. Al fan le dieron todos los indicios para que llegue a la conclusión de que ese es el final de su programa favorito. ¿Qué vas a discutir con el fan? Jon Snow no se puede morir, y si muere revive. Cristina tiene que ir presa o morir en el intento. Recién ahí se termina la serie, así que no te molestes en decirle al fan lo de las distracciones mediáticas: son tramas secundarias que ayudan a avanzar la serie. Tampoco le digas lo del  aumento del desempleo: sacrificios necesarios para llegar al final. Y no le digas que su héroe es corrupto: maniobras de una antagonista muy fiera.

Todo esto ya fue pensado y son mejores escritores que vos.

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