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Adicciones

Por Sebastián Mateo

¿Por qué en todas las películas y series en las que hay un ex adicto, su necesidad y anhelo de reincidir está atada y simbolizada a partir del malestar físico que le produce la abstinencia? ¿No podría ser, acaso, que ese deseo incontenible tenga que ver con el inenarrable placer que produce el uso y abuso de aquello que produce la adicción?

Nunca entendí el porqué, históricamente, salvo casos de excepción, las adicciones son narradas y representadas por lo que suprimen y no por lo que edifican. Hay infinidad de tandas publicitarias y programas gubernamentales que advierten sobre los peligros de las drogas, pero ni uno solo que particularice el fugaz y a la vez sempiterno momento de éxtasis que deviene de su consumo. ¿No deberíamos, quizás, contar con la información completa, para hacer un balance pormenorizado de costos y beneficios? Por un lado, tendríamos el riesgo de una existencia errática, desconectada del llamado “mundo real”, seguida de una muerte prematura e inevitablemente dolorosa. Por el otro, aparecería el inefable estímulo físico y mental que conlleva el posterior clímax y apogeo de todos los sentidos; la delgada línea blanca que abre el portal a una dimensión donde el carácter marcesible de la materialidad del ser no limita sus posibilidades.

Hay más de un millón de papers académicos e investigaciones científicas sobre los efectos nocivos y los potenciales deterioros cognitivos que produce el uso regular de ciertas drogas duras, pero muchos menos que exploran y describen detalladamente los miles de millones de viajes alrededor de la galaxia que han posibilitado esos estimulantes. ¿No sería razonable, tal vez, contar con ambas fuentes de información de manera equitativa? Así, podríamos ponderar entre una neurona más o una neurona menos y la potencialidad de un paseo de ensueño por la infinidad del cosmos y sus confines.

En los medios masivos, sobran las imágenes entristecedoras de junkies apostados en algún rincón de alguna gran metrópoli, pero faltan las representaciones pictóricas de las estrambóticas y estrafalarias escenas llenas de colores estridentes que se presentan ante sus ojos cuando están bajo la influencia.

En definitiva, al final de cuentas, la vida es una sucesión de decisiones, una cadena de causas y consecuencias entrelazadas de manera liosa. Toda una batería de causalidades a punto caramelo para estallar, dependiendo del camino que elijamos y la información con la que contemos para ello.

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