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Entrevista a Gabriela Cabezón Cámara

Por Mercurio Sosa

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Gabriela Cabezón Cámara es escritora y periodista.  Hoy charlamos sobre su forma de escribir y de concebir el mundo, sobre la lucha del feminismo y sobre Las aventuras de la China Iron, su controvertida novela donde se apropia del clásico Martín Fierro, con una mirada de género que busca deconstruir y desnaturalizar una obra que refleja una sociedad machista y patriarcal.

-Con lo primero que me gustaría empezar es con la división realidad ficción, esa delgada línea que en tus textos se percibe. ¿Por qué tomaste la decisión estética de, de alguna manera, resignificar el  realismo mágico? ¿Cómo llegaste a tu estilo y porqué? 

No sé si resignifiqué el realismo mágico, no podría decir tal cosa. Puedo decirte que mi manera de escribir surgió de muchísimas lecturas, de algunas ideas difusas acerca de la libertad, de un rechazo de las jerarquías, de los recitales de poemas que hacían Batato Barea, Urdapilleta y Tortonese en el Parakultural en los 80, de cierta explosión de color y sensualidad de Almodóvar. Del impacto enorme y feliz de Evita vive de Perlongher, de la risa asombrada por Ova Completa de Susana Thenon, del golpe feroz de El niño proletario de Lamborghini y de la sorpresa de Hilda la polígrafa de Pizarnik y de mil millones de cosas más de la calle, de la tele, de todas partes. Y de todo lo que leí en la facultad. Quiero hablar del mundo y quiero hablar con todas las lenguas que conozco y quiero también considerarlas como lo que son, una materia política, claro, pero también sonido, música. Más o menos así llegué a escribir del modo en que estoy escribiendo ahora. Seguro que más adelante escribo de otro modo. Una no puede ser una burócrata de una misma.

-Por otro lado, como  feminista y gracias a una entrevista que leí que te hicieron en el 2009 ¿Creés que la lucha por establecer la igualdad de derechos entre hombres y mujeres ha avanzado en estos años? ¿creés, de alguna manera, que los femicidios, son la historia antigua, caduca, que se aferra al poder que se les dio, quizás extrapolando el derecho divino de la edad media, aquí insertado con fórceps como  derecho biológico? Por otro lado, quiero comentarte que pasé por muchas carreras y universidades y en todas había por lo menos un cincuenta por ciento más de mujeres que de hombres. ¿Cómo ves el futuro de la “industria laboral”? ¿Más justo, más equitativo? 

Avanzó y retrocedió. La violencia se multiplica. Y estoy hablando de la violencia más atroz, la que viola y descuartiza. No creo que los femicidios sean parte de una historia antigua y caduca, porque el patriarcado puede estar en crisis pero caduco no está, te diría que al contrario, que pierde poder por un lado e inmediatamente lo gana en otro, mirá Trump en Estados Unidos o Putin en Rusia cómo están trabajando por sostenerlo. Y con cuánto éxito. Por otra parte, tuvimos una presidente mujer y esta última elección se dirimió entre candidatas y políticas mujeres. El futuro laboral está complicadísimo: el trabajo tiende a extinguirse. Curiosamente, al mismo tiempo aumenta la esclavitud. En un marco de escasez de trabajo las mujeres vamos a salir perdiendo: va a prevalecer la hiperexplotación y si las mujeres seguimos siendo las que nos ocupamos de los nenes y si las licencias por paternidad siguen siendo el chiste que son, van a tomar varones.

-Me comentaron que las grandes marcas de ropa, en Europa, están empezando a lanzar líneas feministas. ¿Vos creés que esta actitud banaliza la lucha o, por otro lado, llega quizás a cambiar el comportamiento de algunas mujeres que por el simple hecho de pertenecer, empiecen a cambiar su forma de pensar y a valorizarse ellas mismas como seres independientes y empoderados?

No sé, no sé qué es una línea de ropa feminista, no la vi. No me imagino de qué se trata.

-Por mi lado: en la literatura, el cine y en la música, toda expresión artística de calidad, sea cual sea el concepto, la que me llega, viene de la mente de una mujer.  Mujeres como Annie Clark, Lucrecia Martel,  Mariana Enriquez, Vos. Parecen haber elevado la vara a un nivel que los hombres no estarían pudiendo alcanzar en el arte contemporáneo.

No podría responderte taxativamente. De lo que no me caben dudas es de que hay muchas mujeres creando fuerte, tomando riesgos, haciendo una obra ambiciosa. Y que eso se está volviendo insoslayable.


-En mi opinión, el próximo bastión de la lucha por la igualdad es con las y los trans. La sociedad debe garantizarles las mismas oportunidades que a los demás. La misma oportunidad de conseguir un trabajo, estudiar, conseguir un crédito y desarrollarse deportivamente. Quizás eso es algo que anticipaste en “La Virgen Cabeza” donde una chica trans se empodera, es madre y líder de una comunidad. 

Creo que la lucha feminista y la lucha LGTBQ van juntas. A mí, en este momento, me interpela más la lucha de les trans.

-Sobre “Las Aventuras de la China Iron” ¿Qué tan difícil fue la reestructuración de la novela gauchesca? Cambiando el paradigma del gaucho como macho por excelencia, ícono de la literatura argentina, y haber hecho una novela sobre La China, una muchacha de 14 años que su padre apuesta en un partido de truco y la pierde, para sellar su destino entregándosela a Fierro para que haga con ella lo que quiera. Contanos un poco ¿Cómo fue el proceso, si te requirió investigación previa, si ya tenías el concepto o si fue apareciendo en el trascurso de la novela?

El gaucho, en el caso de Las aventuras de la China Iron, es Martín Fierro: un hombre humillado hasta el hartazgo, hasta el dolor más profundo. Y quebrado, al final. Martín Fierro es el sujeto histórico descartado, el que ya no sirve, el que hay que disciplinar para que se vuelva otro: de gaucho a obrero, a peón de estancia. Había leído mucha gauchesca, me divirtió imaginar un punto de vista de mujer, se me ocurrió que eso podría ser una novela y acá está la China, contando y armándose un mundo nuevo y mejor, un mundo que es en muchos sentidos opuesto al de Martín Fierro: comparte escenarios, fortín y tolderías, pero en vez de ser humillada y quebrada, inventa otro mundo, un modelo de nación que no es la del latifundio y el extractivismo, un mundo más libre, un mundo con espacio para la vida, para el juego, para la felicidad.

-Ahora me gustaría consultarte sobre la UNA, se que estás dando clases ahí y es una carrera relativamente nueva, ¿creés que esta carrera le va a dar una inyección de sangre nueva a la literatura argentina? ¿Se puede enseñar a escribir, o simplemente uno enseña método, experiencia y herramientas para que el escritor el aporte a lo innato, a lo que ha venido cultivando desde la infancia?

Se puede enseñar a escribir como se puede enseñar a arreglar caños o a pintar cuadros o a bailar o a andar en bicicleta. Escribir no es un acto del orden de lo sobrenatural. Hay técnicas, hay bibliotecas, hay transmisión. Después, cada uno llega hasta donde puede. A mí  me encanta trabajar en la UNA y le tengo mucha a fe a tanta gente reunida con un objetivo común. Hay una parte de escribir que se hace a solas, sí, pero hay otra que se realiza conversando con los colegas, creciendo juntos. Lo he visto durante años en los talleres que hago en mi casa y tengo la certeza de que funciona. 

-Por último siempre dejo un espacio al final para que el entrevistado desarrolle un tema que él crea que haya quedado en el tintero. Me gustaría sin embargo, esta vez hacer una excepción y que nos escribas sobre la violencia que parece flotar en el aire hoy en día, que se cuela como caldo de cultivo por los foros e internet y que se vive en la calle día a día.  

No quiero escribir sobre el odio sino sobre la resistencia: creo que tenemos que juntarnos fuera de las redes, creo que tenemos que armar otras redes, redes amorosas, redes políticas y afectivas que nos permitan llevar una vida más amable, que nos permitan cosas como intentar parar el biocidio que están cometiendo los poderosos.

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