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Dialogando con los dos Denis Fernández

Primero me gustaría dialogar con el Denis escritor ¿cuántos libros bajo el brazo? Leer es Futuro, Monstruos Geométricos, Tucson Arizona ¿se me está escapando algo? Me gustaría que el Denis escritor nos cuente un poco su proyecto de autor ¿Qué temas tratás en tus libros? ¿Qué es lo que te interesa? Contanos un poco de cada uno

El primer libro que salió fue El adiestrador de peces, un cuento largo publicado a fines del 2015 en la colección “Leepage_1r es Futuro”, un programa que coordinaba el Ministerio de Cultura de la Nación). Más tarde tuve la posibilidad de incluirlo en el libro de relatos Monstruos Geométricos, que editó 17Grises. El adiestrador… es, si así se puede llamar, la columna vertebral del libro. No podía faltar. El tercer título es Tucson, Arizona, que editó Tammy Metzler, una serie de poemas y relatos cortos que, catumblr_oept1hgoIB1rkswc8o1_1280muflados, configuran una anti-novela. Una no-novela.

Tucson, Arizona y Monstruos Geométricos dialogan entre sí, casi como si fueran el mismo libro, pero desfragmentado, con historias diferentes, pero repetidas desde su concepción. Son parte de una búsqueda estética post-apocalíptica que vengo trabajando, no sólo con mi escritura, sino también con Marciana. Creo que los tres libros funcionan como espejos seculares. Por ejemplo, dos de los cuentos de Monstruos tienen su origen en poemas incluidos en Tucson. Ambos libros los escribí casi al mismo tiempo. Me prestaba a mí mismo las imágenes de uno para ampliarlas en el otro. Igual a como actúan los fractales: desprendimientos similares, réplicas idénticas, repetidas de forma infinita. En los dos hay una búsqueda ligada a la desfragmentación de la realidad, como ramificaciones de mi cuerpo en palabras: una catedral fractal que refleja mis miedos, mis deseos, mi oscuridad. Y al mismo tiempo rompen con la concepción ideal que guardaba de la literatura, del camino de escritor que idealizaba cuando era más chico. Ahora escribir es un acto necesario, sin las pretensiones de antes, con mucho más cuidado por la forma que por la ambición de la trascendencia.

14958693_1866932126868223_1519710474_nEn la contratapa de Monstruos Geométricos, Francisco Bitar escribió que en el centro de cada cuento hay un dato que permite edificarlos y que los pone en serie. Dice que “el carácter de ese dato es extraño o extraordinario, aunque la composición del cuento se apoye en una consignación de tipo realista.” Creo que ese es el dato clave para comprender mi búsqueda: que el realismo funciona como una distracción para plantear el extrañamiento. Admiro mucho a este autor y poeta santafesino, hay que leerlo y, sobretodo, hay que escucharlo leer.

¿Qué otras obras tenés en mente?

Ahora estoy terminando de reescribir una novela que comencé hace unos años. Estoy a punto de cerrarla. Hay drogas psicoactivas, plantas carnívoras, genética, clones y conurbano bonaerense: mucho conurbano. Espero que no sea una locura inverosímil. También estoy escribiendo un poemario, pero a eso le falta más tiempo, tiene que macerar, todavía le falta algo para estar completo. Por otro lado, vengo postergando el comienzo de un proyecto de novela sobre la obra del arquitecto Francisco Salamone. Pero quedará para más adelante.

¿Cómo es la historia, cómo llegó Denis Fernandez a ser Denis Fernandez? Ese momento mágico, que te marca a fuego y que te dice, flaco, no te va a quedar a otra, el arte será tu vida.

Uf, qué difícil. Desde chico quería ser periodista. En el colegio escribía letras de canciones, poemas muy malos, solemnes, con poco vuelo poético. Pero me sirvió para naturalizar la escritura. Me di cuenta que podía escribir textos largos, tenía facilidad para componer narraciones. Empecé a ir a un taller de escritura que daban en un centro cultural de Banfield. Tendría diecinueve, veinte años. A partir de ese momento no paré. Pasé por tres talleres (incluido el de Pablo Ramos, que me frustró bastante) y llegué al taller de Hernán Vanoli. Ahí cambió todo. Fui con una novela bodoque que había escrito en tres meses de locura y angustia, una oda berreta a un amor platónico. Lo primero que me dijo Vanoli fue: escribís bien pero sos muy barroco. Y bueno, le hice caso, guardé todo lo que tenía y empecé de cero. Y me cambió la vida. De ahí salieron la novela que estoy escribiendo ahora y Monstruos Geométricos. Escribo prácticamente todos los días desde hace más de diez años. Si no escribo no puedo ni respirar. Cada cosa que hago está ligada a la escritura, de una forma u otra. Escribo mentalmente y después transcribo en la computadora.

Comprendí que la escritura es un espacio donde puedo transformar mi vida y darle un valor sustancial a las cosas. Jugar con la imaginación no tiene límites, representamos al mundo desde un punto de vista obsceno y misterioso: un universo fuera de los márgenes de realidad. Me propuse no dejar de escribir nunca y, de esa manera, eliminar la frustración del escritor. En definitiva, escribo para que me lean, pero también para entender mis procesos mentales.

El cine también influyó mucho en la decisión de dedicarme a escribir. Soy un enfermito de las plataformas audiovisuales, creo que miré más películas que libros. El cine me da muchas herramientas para escribir. Cuando pienso una historia la imagino en una pantalla, como si filmara mientras escribo. Es que la literatura, si sabemos interpretarla, está en todo lo que hacemos. En todo. Lo esencial es interpretar a los hechos cotidianos como literarios. Hacer de la realidad un espacio menos aburrido, reinterpretar el lenguaje, captar el movimiento en las cosas que están quietas. Y así como reinterpretamos, también modificamos. Una acción lleva a la otra. Los seres humanos somos conciencia y producimos imágenes. Podemos reinventar de la forma en que nos pinte. La pregunta era ¿cómo o cuándo llegué a ser esto? Respondo: el día en que me di cuenta que la realidad podía ser transformada a través de las palabras. Después queda la vida real, lo cotidiano, pero eso es parte de la inercia.

¿Qué escritores nos recomendás leer?

Cinco autores argentinos contemporáneos, cinco libros increíbles, y uno extranjero:

-Los accidentes, de Camila Fabbri

-La Comemadre, de Roque Larraquy

-Santoral, de Acheli Panza

-Antitierra, de Valeria Tentoni

-Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet

-El atlas de ceniza, de Blake Butler

A partir de ahora voy a dialogar con el otro Denis Fernandez, el Denis editor.

Denis, Editorial Marciana, Ciencia Ficción ¿por qué decidiste dedicarte a encaminar la editorial a ese género?

Otra cosa que me asombra es el ojo clínico de los dos primeros autores que elegiste. Primero y principal Diego Vargas Gaete, editaste El Increíble Señor Galgo, un libro muy particular. Meses después Firma con Emecé con La Extinción de los Coleópteros, primer tiro libre que pasa, con rosca, por encima de la barrera y se clava en el ángulo ¿contanos el proceso de selección, cómo eligen las obras, los autores, quién se encarga del scouting?

(ACÁ RESPONDO A LA PREGUNTA ANTERIOR TAMBIÉN)

Una aclaración importante: Marciana no es solamente una editorial de Ciencia Ficción. Lo que busco en los títulos que forman (y van a formar) parte del catálogo, es que tracen un camino de extrañeza en su forma narrativa, que salgan del realismo puro. Busco libros que contengan datos donde la realidad esté trastocada. Libros mutantes, monstruosos, pero no estrictamente de Ciencia Ficción. De ser así, estaría acotado a un género, y no es la intención del sello. Hasta ahora, todos los libros los elegí yo. Hay amigos que me ayudan, que me recomiendan, gente que se acerca. Desde el principio salí a buscar a los autores que quise, con los que de algún modo estoy obsesionado (literariamente) y con los que me siento identificado, por su forma de escribir, por el universo que plantean y por su contexto narrativo en general. Creo que de eso se trata encarar un proyecto de este tipo. Una cosa muy importante que tengo en cuenta a la hora de elegir a un autor es que su obra persiga un camino comprometido y reconocible, que proponga una estética, y que esa estética posea un estado de pertenencia con su propio estilo y, sobre todo, con el sello. Marciana es una parte más de mi proyecto literario. Al elegir un libro, tengo la necesidad de sentir que podría haberlo escrito yo. El hecho de ser editor me da la posibilidad y el poder de meter mano en el texto, de poseerlo, de involucrarme como si fuera mío. Esa es la clave. Hace unos meses, durante una conversación de sobremesa, Martín Maigua, editor de Nudista, me dijo que tuviera cuidado de que el rol de editor no me coma el rol de escritor. Creo que logré fusionar ambos lugares. Y hoy escribo pensando en editarme a mí mismo, como si mi editor fuera otro yo.

Cabe aclarar que tuve mucha suerte, no voy a negarlo. Cuando le escribí a Bob Chow, el premio de La Bestia Equilátera aún no TAPA_ORIGINAL_EL-INCREIBLE-SEÑOR-GALGO_V2tenía ganador. Y de pronto el tipo se volvió un escritor de culto. Aunque creo que los que habíamos leído El Momento de Debilidad (Nudista), ya lo sabíamos. Todo pasó a través de un chat de facebook. Creo que Bob vio algo que le generó empatía con Marciana, y aceptó de inmediato. Por eso digo que tuve suerte. Con el libro de Vargas Gaete pasó algo extraño también. Hasta ese momento no tenía ningún título cerrado. Había leído la versión chilena de El increíble señor Galgo y me había encantado, igual que La extinción de los coleópteros (Momofuku). Y le escribí creyendo que no iba a ser posible. Pero bastó con escribirle a Diego y plantearle mi idea. También aceptó de inmediato, sin poner trabas. Incluso logramos una versión extendida de la primera versión que es mucho mejor. Y con esos dos títulos en mano fue más fácil ir a buscar los autores que quiero. El autor necesita sentirse cómodo con el catálogo, eso es muy importante.

Segundo libro, Bob Chow, La Máquina de Rezar, salió  a las canchas y ya se lo asocia como un discípulo de César Aira, meses después de editar LMdR, Bob Chow gana el premio de la Bestia Equilátera, debo felicitarlos, segundo gol y van dos a cero.

TAPA_LA-MAQUINA-DE-REZAR

La irrupción de Bob Chow en la literatura argentina es más que un hecho literario: su obra trasciende lo estrictamente escrito. Es un tipo que escurrió a la ciencia y la convirtió en un suceso narrativo. Su prestancia a la performance constante, su música, sus ponencias, lo hacen un ser superior. En la presentación de sus libros en el Festival de Tucumán salió disfrazado a cantar con todo el público flasheando. Ni siquiera nosotros sabíamos con qué iba a salir. Hablo con misticismo porque él irradia eso. Es un monstruo de mil cabezas y estoy seguro que va a seguir sorprendiendo durante muchos, muchos años. Hasta ahora sólo vimos una décima parte de su universo.

¿Cuáles son los próximos proyectos que tienen en carpeta, que títulos se vienen?

Antes de fin de año sale Italpark, la primera novela de Mariano Favier. Quizás (ojalá el tiempo me dé la razón) sea uno de los mejores debuts literarios de los últimos años. El catálogo del 2017 ya está casi cerrado, con cuatro libros programados. Vamos a publicar una nueva y hermosa novela de Inés Acevedo; Diario del Tigre, de Susana Pampín; una novelita monstruosa de la joven narradora Lucila Grossman (este libro va a ser la reencarnación de Eraserhead, la primera película de David Lynch); y el segundo libro de cuentos de Pablo Ottonello.

Por otro lado, la estética de Marciana es impecable, es conceptual ¿a quién se le ocurrió esa idea?

El gran ideólogo de la estética de Marciana es Charly Cross, mi amigo y hermano, quien lleva adelante la identidad. Fue él quien sintetizó mis ideas, que eran muy abstractas. Si bien yo tenía una imagen en la cabeza, era demasiado difícil (sin ser diseñador) explayarlas de forma concreta y ponerlas en un hoja. Charly comprendió todo lo que yo buscaba y encontró el punto estético justo. Joaquín Burgariotti, otro gran amigo, fue parte de esta creación. Él ilustró el libro de Vargas Gaete a la perfección y marcó el camino para las próximas tapas. Esperamos seguir evolucionando y haciendo de Marciana un sello que perdure en el tiempo, que la gente lea a nuestros autores y que, sobre todo, les quede un sabor ácido en la boca. Que les cueste tragar a nuestros autores. Maga Etchebarne me dijo que cuando un libro te queda haciendo ruido y no sabés si te gustó o no, que ni lo dude, que lo publique sin dar vueltas.

Ahora Denis Fernandez editor ¿Qué autores nos recomendás leer?

Recomiendo leer a Matías Amoedo, Carlos Godoy, Juana Isola, Martín Dubini, Luciano Lamberti, Samantha Schweblin, Selva Almada, Mario Bellatín, Mario Levrero; a Carrere, de nuevo a Sartre, a Houellebecq, de nuevo a Manuel Puig, y en el medio de todo eso poesía, mucha poesía, hay que comprar libros de poesía.

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