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San Telmo y la Buenos Aires no planificada

Por Gonzalo Sosa

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El barrio de San Telmo primero te hace pagar derecho de piso y después, se deja conocer, caminando, esperando el bondi, chapando en una esquina o pasando el rato en algún cafetín donde se sentó a tu lado Bettinoti, templando la voz. Se mueve de día con locales de antigüedades, graffitis, murga y también de noche, con la magia encendida de su fe trasnochada, alumbrada de tangos.

San Telmo tiene alma de Foro Romano, pero con una interpretación criolla de Vitruvio que carece de esa obsesión por la simetría. Convergen allí la política, la economía, la religión y la vida social. Sus callecitas empedradas proponen un tránsito, cuyo trazado no fue planificado para el caudal de circulación que reciben hoy en día, angostas, por momentos son arterias tapadas por el transporte público y los vehículos particulares.

El barrio no presenta una orientación precisa, si bien es uno de los más antiguos de la ciudad, emergen construcciones irregulares que deforman el lenguaje visual. Espacios sin vínculo relacional se codean con edificios históricos, portadores de una simbología muy concreta y cargada de sentido: el de una ciudad que se pretendió europea. El barrio ya no puede transmitirle seguridad a un pueblo desigual e inestable, no perdona el progreso, con su espada de luz: la torre “Quartier San Telmo” es un hecho, aún tras haber sido limitada a 27 pisos por protestas de los vecinos, es un fiel ejemplo de individualismo urbano. Este mega complejo propone a sus habitantes replegarse sobre sí mismos, como el único modo de poder vivir con sus conciudadanos, mezclarse con ellos pero sin verlos. Colocar una torre digna de Puerto Madero en pleno San Telmo a pocos metros de conventillos y aguantaderos, produce un desequilibrio social, reflejo de una transformación urbana descontrolada donde todo es mentira, nada es amor, a la CABA nada le importa, yira yira.

“Entrada y salida de vehículos”, “Estacione de Culata” son señalizaciones típicas del no-lugar más presente en esta zona: el estacionamiento. Surgido sobre todo lote o edificio abandonado y potenciado por la cercanía al microcentro, donde estacionar está prohibido. “Estacionamiento por hora, día o estadía” es la expresión más sincera de esta etapa donde ya no nos rige el tiempo meteorológico de las estaciones, aquí el tiempo se convierte en dinero y cuando se termina la estadía, la instrucción es retirarse, vámonos de este tiempo que llegó la gran vía, con su traje de día y el apuro en la piel.

No obstante, se observan lugares antropológicos, San Telmo es un barrio históricamente de murga y carnaval, de tango y centros culturales que hoy se encuentra envejecido, pero siempre tan risueño. Las canchitas de fútbol 5 y el polideportivo del Club San Telmo se encuentran junto a la autopista, el local de la Murga Los Caprichosos, la sede del C.A. Deportivo Paraguayo y los conventillos ocupados de calle Perú, funcionan al resguardo de edificios que tienen más de 100 años y que alguna vez fueron hogar de familias de clase media alta. Actualmente, estos espacios son interpretados de otra manera, son una idea parcialmente materializada que se hacen los habitantes a partir de su relación personal con el territorio y con sus semejantes.

El carnaval celebrado cada año o el tango bailado en la feria de Plaza Dorrego son la expresión tangible de lo permanente, realidad histórica que se concretó con el tiempo, al igual que el Museo Histórico Nacional, o las placas en las paredes y las baldosas distintivas en la vereda, fechadas, informando que en esa casa vivió un personaje destacado de la historia, son pequeños monumentos necesarios para que los próceres locales no sean avasallados por el paso de los años.

Aunque sabe que seguramente pierda la batalla contra el tiempo, San Telmo todavía resiste.

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