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Polución Nocturna-Cuarta Entrega

Por Mercurio Sosa-

“Habitualmente se ha afirmado que la denominación Carnaval proviene de “carne vale”, palabras italianas, cuya etimología deriva de “carne adiós”, o sea, adiós a la carne, expresión destinada a indicar la excesiva licencia sensual permitida durante los festejos, previos al tiempo de la penitencia, ordenado entonces por la iglesia, antes de entrar a la Cuaresma, al largo período, que todavía sigue vigente, pero con otro significado, que es la prohibición de ingerir carne de animal por esos días.
Una segunda variante parte del título que el papa San Gregorio El Grande le dio al domingo anterior a la Cuaresma, o sea “domenica ad carnes levandas”, es decir, ayuno de carnes rojas.
De ahí surgió carnelevamen, carbelevale y en Milán, carnevale.
Aun aceptando su origen en las Saturnales romanas, es preciso tener en cuenta que, de un modo general, se encuentran vestigios de celebraciones similares en todos los pueblos de la antigüedad.
En Grecia, en el Imperio Romano, en los países teutónicos y en los celtas, se hacían procesiones durante las cuales se paseaba un barco con ruedas, sobre el que cantaban y bailaban coloridas mascaradas, con letras obscenas y de tono sarcástico.
Según algunos historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumería y Egipto, hace más de 5 mil años, con celebraciones similares en la época del Imperio Romano, desde donde se difundió la costumbre por Europa, siendo traído a América por los navegantes españoles y portugueses que nos colonizaron a partir del siglo XV.
Hay países en que se comienza la celebración del Carnaval en distintas fechas, como en algunos lugares de Alemania en que se inicia el 11 de noviembre, o los hay que lo comienzan no bien termina la Epifanía, el 6 de enero. En otros lugares es tradicional comenzar el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, como sucede en Italia.
En ciertos países en que el Carnaval está muy arraigado como celebración popular, y ya alejada de su significado religioso, alargan los festejos a los fines de semana del mes de febrero, como en la Argentina.”[1]

Era el año 2009. Febrero. La idea había salido de mi amigo Fer, que en esa época trabajaba como supervisor de bares para Cepas Argentinas. Cansado de verme tirado en la cama, dejando que el sol me secara la piel, decidió llevarme de joda esa noche, y posteriormente convencerme de ir al carnaval. Esa noche reclutamos al barman de un bolichito en Castelar, ninguno lo conocía, pero nos citamos al día siguiente en una intersección a determinada hora y él estaba ahí.
Viajamos en un 147 con el baúl lleno de alcohol, éramos cinco pibes que se lanzaban a la aventura estilo Hunther S. Thompson. El fin de semana transcurrió fragmentado, y lo que a continuación escribo es la crónica de un período de realidad difusa.

Con la promesa de volver con información vital o con algo totalmente descabellado, es que me propuse emprender viaje a Gualeguaychú.
Mi intención era cubrir el Carnaval y, si podía, entrevistar a la Reina para una revista.
En realidad me conformaba con encontrar el corsódromo, ya que sabía que allí el alcohol abundaba y nosotros íbamos con el baúl a punto de estallar.
Viajamos en auto trescientos kilómetros, gendarmería estaba muy contenta con sus trajes amarillos flúor, tan contenta que no parecía detener a nadie. El calor era insoportable, el asfalto; loza radiante, cada cien metros aparecían espejismos de agua, al pasar sobre ellos, el asfalto seco; el vapor que entraba por el chasis del Fiat.
Llegamos al camping pet friendly Solar del Este, que aparentemente era el lugar a donde uno tenía que ir si viajaba a Gualeguaychú. El camping era como una comuna hippie, una comuna que albergó 2900 personas el fin de semana anterior al nuestro, pero que este tenía 3500. Había un clima festivo, abundaban las conservadoras llenas hasta el límite con alcohol. Se veían packs de 6 botellas de Fernet y cadáveres de Coca Cola por doquier.
¡El 90% del camping estaba ebrio y eran apenas las siete de la tarde!
En el aire una canción, que como un mantra repetían los acampantes, en épocas donde los celulares solo enviaban mensajes de texto, donde no existía el Like, los corazones, ni Tinder, ni Grindr.
¡Si nos organizamos cogemos todos!
Chicas lindas iban y venían, la frase más popular para iniciar conversación era “Lindo Perro”.

Luego de armar la carpa salí en busca de información, para saber dónde podía encontrar el corsódromo, hablé con diversas personas y noté que algo mucho más grande que el corso pasaba en esta ciudad. Me enteré que el desfile era el sábado, pero aparentemente muy pocas personas pensaban ir, la mayoría venía acá por otra cosa.

Anocheció, se abrieron algunos baúles de autos y comenzó a sonar cuarteto. En ese momento, la totalidad del camping estaba ebria. Los borrachos salían a buscar mujeres, uno tropezó con el hilo que hacía de durmiente del toldo para lluvia de mi carpa, cayó al suelo, y en ese preciso instante decidimos bautizarlo “El mata borrachos”.
¿Me levantaría mañana y vería a todos estos ebrios durmiendo al lado de las carpas, por haber tropezado con los durmientes y habiéndose quedado dormidos? Era un concepto interesante.
Luego de un rato de yirar encontré a un grupo de gente organizada, decidí seguir al malón movilizado y llegamos a una calle con varios boliches, la calle estaba llena de gente. Me acerqué a una persona y le dije:

  • Nunca vi tanta gente junta
  • Eso no es nada, acercate a la baranda y mirá para abajo

Me acerqué, y miré. Vi el triple de gente y varias barras.
Volví al camping, mucha gente se juntó con mucha gente. No parecían bolsas de dormir, eran orugas y en cualquier momento de ahí adentro iba a salir una mariposa. Me fui a dormir.

El segundo día me levanté al medio día y fui hacia la playa del camping, que es un parador, con un techo de duchas para mantenerte siempre mojado, con música y diversos entretenimientos.
Otra vez encontré el medio ambiente poblado de conservadoras y la multitud… bueno no hace falta que lo explique.
Afuera, había una fila interminable de gente que quería entrar y un vallado con policías, detenía su ingreso. La gente que estaba afuera, estaba en el mismo estado catatónico – Etílico, que la gente de adentro.
Pasaron tres horas y algunos ingresaron, pero la mayoría seguía afuera. Se empezaban a impacientar. El aire se notaba enrarecido, se presentía la catástrofe. Media hora más tarde volaron las vallas por los aires, un policía comenzó a arrojar aerosol de pimienta a la gente ¿había necesidad? si esta gente solo quería ingresar, es más: ingresaban y formaban pacíficamente una fila para comprar las entradas. Algunos entraron, la mayoría no, en fin, miles de sueños rotos.

Una pregunta golpeaba mi mente con violencia ¿Dónde estaba el corsódromo? Debía hacer la entrevista o no cobraría la nota. Una Frase vino a mi cabeza:

“Pasa la murga con sus alardes entre la siesta del arrabal. Y un son de lata puebla la tarde y su rumor es la canción del carnaval.” [2]

Nueve de la noche y unos tambores se colaron en el ambiente, me acerqué a una de las calles de tierra aledaña a mi carpa y vi una murga tocando como si en eso se les fuera la vida, dos mujeres bailaban en bikini. En el centro dos personas, uno con una luz y otro con un megáfono, ellos dirigían la batuta. Conforme caminaban, la gente se iba sumando hasta formar una multitud que recorría el camping. Era algo erótico.
Eran las once de la noche y seguía en el camping ¿el corsódromo? Ya a nadie le importaba. Me fui un rato a dormir para reponer energías, a la una explotaba el mundo.

Me levanté, eran las tres de la mañana, caminé por la ramificación de calles de tierra y llegué a la calle de la perdición. Había gente con pelucas, con batas, con máscaras, el carnaval es algo increíble. Pasó un colectivo con pomos de espuma artificial, roció a los posesos festejantes que se treparon y siguieron bailando en el techo. Pasó un Volkswagen Gol, la gente se trepó nuevamente. Bailaban en el techo personajes hechos de espuma, con pasos tribales y ritmo poseso.
Mujeres bailando, besándose, que viva el amor. Comenzó a caer la ropa, en la mayoría de los casos masculina, gente desnuda sentada en el cordón de la vereda, con gorros enormes y medias de nailon
¡Desnudos con medias de nailon!
Travestis, trans, lesbianas, gays, toda la humanidad unidad con un solo fin; rendirle pleipolu 4tesía a Dionisio.

Cómo una imagen fantasmagórica vi a la Reina del Carnaval, ya se había sacado el traje, la reconocí por la foto que había en los afiches pegados en los postes de luz. La muchedumbre se abría al verla pasar, los bailarines habían llegado al ritual pagano, Gualeguaychú era el centro del mundo. Ella avanzaba flotando en el aire, repartía besos aéreos a diestra y siniestra, y aquellos que los recibían estallaban en frenesí.
Me acerqué a ella interrumpiendo su andar y prendí un cigarrillo.

  • Buenas Noches Mercurio, te estaba esperando- me dijo y sonrió.

Prendí un cigarrillo y traté de mantener la compostura. Pité fuerte y profundo, ella me dio un beso en el cachete y todo fundió a negro.

Once de la mañana: Me desperté y la carpa tenía un tajo desde el piso hasta el techo. Mi amigo Pipo me dijo que a la noche había llegado en un estado trascendental y que, al encontrar el cierre con un candado abrí el bolso, saqué el cuchillo y me fabriqué una entrada.
Desayuné cerveza y facturas, necesité de cinco rones con jugo de naranja, que era lo único que quedaba del arsenal, para sacarme la resaca.  Algunos le agradecían al Doctor Albert Hoffmann por la noche anterior.
¡Gracias Doctor Hoffmann! gritaban al cielo y desarmaban sus carpas.
Nosotros fuimos con los bolsos al parador dispuestos a exprimir hasta el último segundo del carnaval. Bajo un árbol encontré a mi amigo Code sentado, a la sombra, con unos anteojos de aviador oscuros que escondían su  mirada. Tenía las piernas estiradas y lloraba en silencio

  • ¿Qué te pasa? – le preguntó Fer.
  • No siento las piernas – dijo Code. Por supuesto que era mentira, era la borrachera de tres días sin descanso la que lo había hecho manifestarse de esa manera.

Cuando se acabó el jugo de naranja compramos una Coca Cola y seguimos hasta agotar el Ron. De repente un sms me llegó al teléfono, era la Reina y decía: “Estoy bajo el techo de duchas, si querés vení y me entrevistás”. Fui y recorrí el espacio haciendo ochos infinitos como un idiota, por supuesto que ella no estaba. Cuando volví al árbol donde Code estaba interpretando una versión carnavalesca de Aureliano Buendía me llegó otro sms:”Estoy por meterme al río”
Mi interés por entrevistarla no había muerto todavía pero Fer había decidido que estaba lo suficientemente sobrio como para volver y cómo el que manejaba era él, nos subimos al auto y nos fuimos.

“La felicidad del pobre parece la gran ilusión del carnaval, la gente trabaja el año entero por un momento, un sueño para hacer la fantasía de rey, de pirata o jardinero. Para todo acabarse el miércoles.”[3]

El sueño terminó.
No a las papeleras.

[1] Diario Popular 13/01/13

[2] Homero Manzi

[3] Vinícius de Moraes

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