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Lost in pandemia / Perdidos en la cuarentena: la secuela

(o cómo llevo más de cuatro meses gastando Netflix, Pirate Bay, Mejorenvo, Youtube, Spotify, Wikipedia y todo lo que venga por internet)

-Por Carlos Enrique Blanco

Estas líneas no pretenden conformar un artículo escrito por un crítico de cine o de televisión. Nada de eso. Tampoco impostar imparcialidad (la mal llamada “objetividad”) en lo absoluto. Y desde ya pido disculpas por ponerme en el lugar de otros de los colaboradores de “El Parapeto”.

La idea es hacer un recorrido personal, ombliguístico y yo-céntrico sobre las principales series, programas y, en menor medida, películas que fui descubriendo durante esta pandemia. Y cuando digo “que fui descubriendo” implica exactamente eso: descubrir series que terminaron hace una década o más, o que aún están “al aire” y que, a pesar de las recomendaciones, daba vueltas para empezar a ver. Un gran “a mí me parece DE QUE” sobre lo que estuve viendo en este tiempo de pandemia y cuarentena y por qué y en qué condiciones comencé a ver (o abandoné, a veces miserablemente, otras, apenas a un capítulo del final).

Otra aclaración: dije “en menor medida” a las películas, porque, por alguna razón en la que no he ahondado demasiado, no he podido verlas de corrido, en casa (no habiendo cine, otra no hay). Tengo muchas esperando turno, varias de las cuales sé que serán de mi mayor interés. Pero la realidad es que incluso una película corta como “Greyhound” (dura 80 minutos) me fue imposible verla de corrido, o no pausarla para levantarme de mi silla de oficina (esa que ya ha tomado la forma de mi cuerpo, de tanto uso que le he dado en estos meses) o mirando mi celular cada tres minutos. Tal vez tenga que ver con la posibilidad que hoy tenemos de tener todos los capítulos de una temporada de una serie (o incluso toda la serie completa) juntos, lo que nos da posibilidad de verla(s) como si fueran una gran película de 10 o 12 horas continuadas, con pausas al final de cada capítulo para ir al baño, rellenar la taza de café o abrir otro paquete de papas fritas. No lo sé, pero, de nuevo, siendo este un artículo centrado en mí mismo, esto es lo que me viene pasando, y que, por ahora, me seguirá sucediendo (porque hasta que aparezca la vacuna contra el COVID, o el medicamento que funcione como un antibiótico que lo cure en 24 horas, esto continuará siendo así).

Dedicaré también algunas palabras a las apps de juegos. Y por “apps de juegos” me refiero al Parchis, un juego diseñado exclusivamente para sacar lo peor de nosotros, para despertar al Mr. Hyde que se esconde en lo más profundo de nuestras almas y que esperaba a la aparición de este juego del demonio, para salir y mostrar su (nuestro) verdadero rostro.

Tal vez, sin proponérmelo, estas líneas funcionen como un ranking ordenador. No lo sé. Cuando termine de escribirlas, les cuento.

The Tonight Show (con Jimmy Fallon – Youtube)

Ya conocía a Fallon por algunas de sus actuaciones en películas (el manager de la banda de la película “Casi famosos”) el “Weekend update” que hacía junto a Tina Fey en SNL; también por haber visto aquí y allá alguna vez algún video del Tonight Show en Youtube (busquen Nicole Kidman + Jimmy Fallon, cuando ella le confiesa que tenía un crush con él y que se perdió de invitarla a salir). En esta cuarentena, me llegaron vía Twitter sus números musicales desde casa, tocados con lo que cada músico tiene en su hogar. Una maravilla: primero fue “Under Pressure” (siempre acompañado por The Roots, la banda estable de TTSH), luego “Dancing with myself”, con el mismísimo Blly Idol como invitado; canciones con Sting y con el elenco de “Hamilton”, etc. Finalmente, probé de ver el programa, y me enganché con la versión casera cuarentenística, con su humor, su habilidad como entrevistador, sus one liners y sus vicisitudes de hacer el programa desde casa: tiene dos niñas pequeñas que aparecen en cámara casi cada vez que se les da la gana. Tiene un canal en Youtube al que me suscribí, en el que dividen el programa del día anterior en varios tramos, y es, por lejos, el mejor lugar en el que informarse de qué está pasando con Trump y la pandemia en Estados Unidos. Hay que saber inglés para disfrutarlo; en Youtube puede subtitularse…en inglés.

The Wire (bajada gracias a los amigos de Mejorenvo)

Esta es una de las series que terminaron hace más de una década y que recién ahora “descubrí”. Me la habían recomendado por años, pero le tenía idea. Un gran “meeeeeh, no sé” y a la que por bastante tiempo confundí con “The shield”, de la que había visto un par de capítulos que no me convencieron.

La serie tuvo cinco temporadas, y finalizó en 2008. Escrita por el gran David Simon, sigue a un grupo de policías en la ciudad de Baltimore, que lidian con la política interna de la institución policíaca para conformar un grupo de escucha (The Wire del título).

Lo que me produjo curiosidad, a la vez que gracia de ver una serie que comenzó en 2002, en el 2020, fue el uso de la tecnología: beepers, celulares con antena, monitores de 16 pulgadas, cables, compañías de celular que podían tardar hasta tres semanas para lograr “cablear” un número. En la era previa a las redes sociales y el Whatsapp, para estos policías, los mensajes de texto eran una barrera insalvable. Tiene una estructura en la narración por momentos similar en algunos puntos con “Los Soprano”: una continuidad que da grandes saltos entre capítulo y capítulo y, que incluso deja cuestiones abiertas, sin concluirlas de la manera tradicional. En esta serie se hizo conocido Idris Elba, que años después protagonizaría ese gran policial llamado “Luther”.

El tono amargo y agridulce de la 5ta temporada, me hizo volcarme a probar otras series, entre las que se encuentra una de las más “charladas” en Twitter y Facebook. Ella es alemana, oscura, enredada y divertida de comentar y discutir. Si, estoy hablando de…

Dark (en Netflix)

Vale una aclaración: no tuve Netflix hasta hace un par de meses, cuando una amiga argentina (vivo fuera del país hace 2 años y medio) que siempre me consulta sobre series, me pasó su clave, para que viera directamente qué hay en el canal de la N roja, y le comentara. A pesar de poder bajarla de mis sitios piratas-amigos, no fue hasta que tuve acceso a Netflix, que me decidí a verla.

La primera temporada, totalmente sorpresiva, me atrapó casi desde el comienzo, a pesar de su tono semitrágico-melancólico-profundo. Me produjo la fascinación de las primeras dos temporadas de “Lost”, aquellas en las que nos rompíamos la cabeza en la búsqueda de signos y símbolos que nos dieran pistas sobre qué estaba sucediendo (a mi entender, Lost sufrió aquello que he dado en llamar “El síndrome de la tercera temporada”, algo sobre lo que espero explayarme en un futuro no muy lejano).

La segunda temporada, titulada “Nos complicamos y mucho”, se puso intensa y, justamente, complicada. Los comentarios de la gente en las redes justo antes del estreno de la tercera temporada (“no me acuerdo nada, voy a tener que ver todo de vuelta para entender la temporada nueva”) me hicieron dosificarla para llegar a ver el último capítulo de la segunda temporada un par de días antes de que comenzara la tercera… y entonces sucedió algo que he dado en llamar “El Síndrome de Carlos, el que colabora en El Parapeto” y que se explica como el abandono absoluto, completo y sin ningún tipo de remordimiento, de lo que estaba viendo, al grito de “bueno, mañana la retomo; hoy no”, que empieza repetirse ad infinitum. Se expresa en abandonar miniseries cuando falta apenas un capítulo, porque presumo que va a terminar pésimo (Me sucedió con “7 seconds”); o por leer una crítica adversa de algo que me gustaba (“The Outsider”, sobre un libro de Stephen King, guionada por Richard Price, el autor de “Clockers”); o como ya conté que me pasó con “The Wire”; o cancelada por ya no soportar que algo fuera tan pero tan inverosímil (el inicio del primer capítulo de la nueva temporada de “Jack Ryan”, a lo que se suma la autoría de Tom Clancy, mas reaganiano no hay).

Así que Dark 3 quedó en ese loop de espera patagónico, el famoso “mañana o pasado”.

The Hollywood Reporter Roundtable; Mike Portnoy; Sam´s Trains; The Sessions; Last Week Tonight con John Oliver (YouTube, o “maldito algoritmo-red neuronal”, deja de atrapar mi atención fragmentada)

Estos son algunos de los canales a los que me fui suscribiendo. “THR Roundtable”: mesas temáticas en las que se reúnen actores, actrices, directores o productores de cine o tv a charlar sobre algunas preguntas guías de los conductores. En una mesa pueden estar Gary Oldman, Tom Hanks, James Franco, y Sam Rockwell, charlando como si nada; en otra, Jennifer Aniston, Jennifer Lopez o Scarlett Johanson. Muy interesante para quienes gusten saber más del cine y la tv (en general, estadounidense, eso sí). Una enfermedad de detalles desconocidos, técnicas de trabajo, de actuación. En general, todas las que he visto me gustaron muchísimo

portnoyMike Portnoy fue el baterista de Dream Theater por 25 años, y de numerosas bandas y proyectos. Pero lo que veo en su canal, es el espacio dedicado a mostrar, hablar y explicar su colección de reissues en vinilos ¡Y LO ODIO! ¡MIKE, NO PODÉS TENER TANTOS TANTOS DISCOS Y CDs  MEMORABILIA Y TENER TODO TAN PERO TAN BIEN ORDENADO Y CLASIFICADO! Portnoy, además de un baterista increíble, es un melómano de aquellos. En estos videos, va recorriendo su colección de vinilos nuevos o reimpresiones de vinilos que ya tiene originales. Además de sus habilidades como músico y productor, sabe muchísimo de música y me provoca el querer ganarme el Quini 6 para comprarme más o menos todos esos discos que él muestra.

“Sam´s trains” tiene que ver con mi gusto por los dioramas y los trenes a escala. También sigo a la maqueta más famosa del mundo, “Wunderland”, pero Sam se dedica a hablar sobre nuevos modelos de trenes y a hacer una crítica acabada sobre ellos. Así descubrí que a pesar de mi inutilidad absoluta en la construcción de maquetas, aún podría llegar a comprar trenes económicos pero muy funcionales y con buenos detalles, para saldar una deuda conmigo mismo (Momento “The author true confessions” del día).

“The Sessions”: canal para músicos. Entrevistas conducidas por un tal Dom Lufamaro, un profesor de batería y percusión, altísimamente reconocido por su trabajo como docente. Sus entrevistas demuestran preparación, conocimiento. Hasta ahora he visto tres y me encantaron. La entrevista a Tommy Aldridge me resultó fabulosa.

“Last weekend tonight”, con John Oliver. Oliver es un inglés que ha adoptado la nacionalidad estadounidense y conduce una vez por semana este talk show en el que hace unas editoriales tremendas, sobre temas que desde lo local nos llegan a todos: obviamente, la pandemia, pero también el coronavirus en las cárceles estadounidenses; Trump; el racismo, los desalojos, las protestas, etc. Un tema por programa. Me encanta su estilo irónico y su acento

Todos estos programas son en inglés. Tienen subtítulos generados por YouTube, también en inglés.

30 rock y Brooklyn Nine Nine

Otra vez de nuevo lo mismo: “30 rock”, terminó en 2013, el mismo año en que comenzó “Brooklyn”. Ambas comedias, responsables de que abandonara la tercera temporada de Dark y cambiara de rumbo hacia dos programas mucho más divertidos.

30 rockMe encanta 30 rock, con la fabulosa Tina Fey, ex compañera de Jimmy Fallon en el “Weekend update” de SNL: un informativo que se hace todas las semanas desde hace décadas, en Saturday Night Live. 30 está basado libremente en las experiencias de Tina como guionista de SNL. Llevo cinco temporadas y no me cansa. Con las comedias, me pasa algo distinto a lo que me sucede con policiales o miniseries: las miro hasta el último capítulo. Incluso si decaen (como en su momento decayó “Seinfeld” a partir de la sexta temporada, pero sobre todo de la séptima), las miro y las disfruto, porque siempre tienen algo. El personaje de Jack Donaghy, interpretado por Alec Baldwin me mata: republicano recalcitrante, neoliberal, odia a Obama (la serie arrancó en 2007) y tiene una relación con su madre… que a muchos le va a hacer recordar a alguien cercano, y no de la mejor manera (¿).

Lo de Brooklyn fue totalmente inesperado para mí. Alguien a quien sigo en Twitter comentó algo sobre la serie, le hice un par de preguntas, y como ya la tenía en espera, con la llegada de Netflix (y el no tener que estar bajándola y luego bajando los subtítulos, para después tener que cambiarle los nombres a los archivos para que todo funcione) le di play… y no pude parar. Es buenísima, si te gustan los chistes fáciles, rápidos, los personajes disparatados, las situaciones inverosímiles, todo condensado en 22 minutos por capítulos. La serie sigue el día a día dentro de una comisaría de Brooklyn en donde Jake Peralta (Andy Samberg… otra vez, de la factoría de SNL) es el detective estrella, y está acompañado por una serie de compañeros de trabajo con características muy particulares. Desde Amy, una toc capaz de hacer una carpeta organizadora de 150 páginas para organizar un viaje en crucero de cuatro días, que de niña se iba a “campamentos de verano de dactilografía”, pasando por Rosa Díaz, la policía que nunca sonríe (Stephanie Beatriz, la actriz que la interpreta, nació en Neuquén, hija de padre boliviano, emigró a EEUU a los cinco años. Interesante mezcla), Charlie, el mejor amigo de Jake, o el capitán Raymond Holt: negro, gay, casado con un tal Kevin Cozner.

Lo de Holt no es menor para la TV estadounidense. A todos estos personajes estables (faltan el sargento Terry, Hitchock y Scully, dos inútiles que se pasan el día comiendo y la egocéntrica-hiperconectada a las redes, Gina) se suma una galería de personajes invitados recurrentes, que la descosen: el expolicía encubierto durante 12 años, Adrián Pimento (escribo el nombre, me acuerdo de la escena en la que dice a los demás “denme, voy a enseñarles cómo hacer que toman cocaína sin tomarla. Se hace así… oh, no, la tomé en serio. Dame más, así les muestro cóm… nop, la aspiré de nuevo. Última vez. Vamos a pro…no, aspiré todo de una sola vez”) y me río solo mientras escribo. Doug Judy, “The Pontiac Bandit”; The Vulture, un misógino, homofóbico, que se dedica a robarle los casos casi resueltos a otros policías; Madeleine Wuncht, la gran Kyra Sedwick, aquí haciendo de némesis de Holt. Todos personsajes que vuelven una vez por año… a los que disfruté una vez cada 5-7 días, porque me fumé todas las siete temporadas en cuarenta días. La séptima temporada acaba de terminar, así que al fin, estoy al día con una.

Para ir terminando…

Greyhound

¿Por qué festejé al ver que la película “Greyhound” estaba para bajar de mi sitio pirata amigo? En principio, porque es una película sobre la 2da Guerra Mundial y por alguna razón que desconozco, esta es una guerra que me apasiona, de la que tengo enciclopedias de colección, libros, películas, y sobre la que sé bastante. En segundo lugar, la presencia de Tom Hanks. En tercer lugar, que trata sobre un tema que no ha sido muy abordado desde el punto de vista de la superficie: los convoyes de barcos que Estados Unidos mandaba con materiales bélicos hacia Europa, protegidos a veces por apenas dos o tres barcos de guerra, cuyos capitanes ni siquiera tenían tiempo para ponerse de acuerdo en cómo defender a esas masas marinas de 30, 40, 50 barcos todos juntos y que por lapsos de tres o cuatro días, quedaban a merced de los U-boots alemanes, que se enseñorearon por el Atlántico Norte entre 1940 hasta 1942, haciendo básicamente lo que se les daba la gana.

Este film tiene otra particularidad: debido a la pandemia, fue estrenado en streaming (lo mismo sucederá finalmente con Mulan, la superproducción conjunta de Disney con capitales chinos, que se estrenará el 4 de septiembre online). Un film de acción que hubiera sido interesante poder ver en la pantalla grande.

Como “amante” de la 2da guerra, me encantó. Es cortita y al pie: 80 minutos de casi pura acción, y toda a bordo del barco que comanda el personaje de Tom Hanks, en su primera travesía de este tipo. No hay muchas escenas íntimas o privadas; apenas una puesta en escena de Hanks con su esposa (Elizabeth Shue) al principio de la película, y ya. No, no es una patrulla perfecta: la “manada de lobos” logra hundir varios barcos mercantes. Es palo y palo. Nada de momentos heroicos o largos discursos. Acción para tratar de sobrevivir a esos enemigos invisibles y mortales que fueron los U-boots hasta que los ingleses descifraron el Código Enigma. Muy disfrutable, en circunstancias extrañas que incluyen una pandemia, una cuarentena, y un virus que nos tiene en el más extraño de los mundos (por ahora).

Perry Mason y The Umbrella Academy

Perry Mason fue una serie de los años 60, en la que un abogado lograba, siempre, demostrar la inocencia de sus clientes injustamente acusados, siempre de manera impecable. Ahora, HBO la reubicó en los años ‘30 (plena Depresión del ´29), como una miniserie de ocho capítulos, y la ensució un poco más que la serie original. Bien noir, me encantó. Llegué a ella después de escucharlo hablar a John Lithgow (que tiene un protagónico en esta primera temporada) en las Roundtables del The Hollywood Reporter que nombré más arriba.

Me encantó, aunque al momento de escribir estas líneas, me falta ver el último capítulo. La suciedad de esa Los Ángeles muy en sintonía con la de “Chinatown” (Polanski, 1974) y su oscuridad, la corrupción sobre la que se construiría esa “Angel’s City”, plasmada en estos ocho episodios que ya tiene asegurada su segunda temporada. Curiosidades: Robert Downey es uno de sus productores, y el protagonista es el mismo actor de “The Americans”, una serie a la que debería entrarle sin dar tantas vueltas (la tengo en gateras). Para quienes no tengan HBO, pueden bajarla de sus sitios piratas amigos…

The Umbrella Academy, en Netflix: me dejé sorprender por esta propuesta, justamente, sorprendente. No hay demasiadas explicaciones a un montón de cosas inexplicables, y eso me encanta. A pesar que la primera temporada brinda unas cuantas explicaciones (para ubicarnos en temas), no sobreabundan. VI los primeros 10 capítulos en dos días (algo que no suelo hacer, no soy “maratonista serial”), descansé un par de días y empecé la segunda temporada, recién estrenada, que es buenísima. Literalmente. Muy superior a la segunda, como si todo lo que se insinuaba en la primera, en la segunda cuajaran a la perfección. Nota al pie: canté pri para Allison. Ya avisé.

Parchis, o el instrumento del infierno, creado para sacar al Mr. Hyde que todos llevamos dentro

En Argentina, al Parchis lo conocemos como Ludo, y quienes somos más “antiguos”, lo jugamos con el Ludomatic, ese que tenía los dados en una cúpula en el centro.

El Parchis no es exactamente igual y ahora, claro, viene como un app QUE ES UNA MALDITA ESTAFA. Si lo jugaste, sabés de que estoy hablando “¡NO, NO, NO, NOOOOO! ¿CÓMO QUE SE SACÓ UN DOBLE 6, UN DOBLE 4 Y 3 MAS UN 1 Y ME COMIÓ? ¡MUEEEEERTEEEEE!”

Cuando juego Parchis, no soy yo. No puedo controlarlo. Quiero evitarlo, y no puedo, lo juro. Los “¡PERO LA R******* C****** DE TU R********* R********* MADRE!” se escuchan por todo mi departamento vacío, una y otra vez (por suerte vivo solo).

Sé que no soy el único que se pone así, aunque sí que mi transformación no es de lo más corriente (o si, no lo sé. Si les pasa lo mismo, cuéntenme, así me quedo más tranquilo).

El algoritmo de los dados claro que no es real, pero funciona bien raro. De hecho, me compré un Parchis barato que venden en la calle y, por ejemplo, la sucesión de 3 dobles seguidos casi no existe con los dados comunes. Por no decir que estadísticamente es inexistente (tirar tres dobles seguidos, es penalizado con la vuelta al inicio de la última ficha que se haya movido). En dos días de jugarlo contra mí mismo (solo a efectos de probar mi teoría), una sola vez salió un triplete de dobles, mientras que en la app son de lo más comunes; igual que salgan dos dobles iguales seguidos: con los dados tampoco sucede, salvo raras excepciones. Mientras que hoy (10 de agosto) en una misma partida, mi contrincante sacó doble seis, dos veces seguidas ¡en tres de cuatro tiros consecutivos!, ¡es imposible!, hagan la prueba en sus casas y después me cuentan.

Adictivo. Ideal para sentirse “Furia” de “Intensamente”. No recomendable jugarlo con niños pequeños cerca, para que no aprendan a insultar tan feo desde tan chiquitos.

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