Navegar por

Jorge Cafrune, el último gaucho

Por: Sergio Andrés Rondán

jorge cafrune FOTO-2Fue una madrugada de los 70’ cuando lo conocí. No fue a través de mis ojos, sino los de mi abuela. Ellos vivían en las afueras del pueblo de Los Cardales, provincia de Buenos Aires, dónde tenían un horno de ladrillo que laburaban junto con mi viejo, de 10 años. Se levantaban horas antes que salga el sol, juntaban barro y paja y llenaban los moldes que mandaban al horno. Hacían 5 mil ladrillos al día, ellos tres, con un socio de mi abuelo. Una noche de un sábado, salieron, mi abuela y mi abuelo hacia la pulpería que hacía las veces de bolichon, bar y despensa. Sentados en una mesa, miran hacia afuera y ven una figura de a caballo que se acerca a través del camino de tierra. Un hombre de gran porte, un gigante bonachon de barba infinita, calzado con una guitarra y un gorro colgando de su nuca, ata su caballo en el palenque. Su nombre era Jorge Antonio Cafrune, le decían el turco por su descendencia árabe (padre sirio, madre libanesa) y andaba buscando algo para comer. Pero donde entraba el turco, llegaba su voz, los acordes de la guitarra y una necesidad irrefrenable de sentarse a cantar.

Cafrune nació un 8 de agosto de 1937, en Perico, una localidad de Jujuy. Hijo de la misma generación que José ‘el Pampa’ Larralde (1937) y Mercedes ‘la Negra’ Sosa (1935-2009), el turco logró la fama antes que sus coetáneos. Incluso más: es Cafrune quién promueve tanto al Pampa como a la negra Sosa. Es en el Festival de Cosquín de 1965 -Cafrune ya había actuado allí por vez primera en el 62’, consagrándose como primera revelación– que invita, sin aviso a las autoridades, a una desconocida Mercedes Sosa a subir. Lo hace con las siguientes palabras:

Yo me voy a atrever, porque es un atrevimiento lo que voy a hacer ahora, y me voy a recibir un tirón de orejas por la Comisión, pero que le vamos a hacer ―siempre he sido así, galopeador contra el viento―. Les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo y que como les digo, aunque se arme bronca, les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa.

Galopeador contra el viento

12191773_1073208736036068_1476342542374708676_n

El ‘convoy gaucho’ de A Caballo por mi Patria

Como muchos cantautores de nuestro país, el turco no componía sus canciones, sino que basaba su cancionero en el canto del viento que recogía de sus coetáneos, de poetas, trovadores, gauchos pamperos y maestros que fue conociendo en el transcurso de su vida. Es así que el turco andaba a medio camino de ser un gaucho cantor y un bardo medieval, que llevaba las coplas y cantos populares que recogía de cada lugar que visitaba y esparcía por toda la extensión que recorría de a caballo por la Patria.

Es en el año 67’ que organiza una gira que llamó De a caballo por mi Patria. Unido a un convoy gauchesco, Cafrune recorre el país cabalgando. Partiendo desde Humahuaca, Jorge, junto con su familia y decenas de acompañantes, atraviesa Jujuy, pasa a Salta, Tucuman, Santiago del Estero, La Rioja, Catamarca, llegando hasta la ciudad de Ushuaia… todo esto lo hacía él a caballo, mientras detrás estaba su esposa con Yamila, la primera de sus hijas, viviendo en una casa rodante. El objetivo de la gira era simple: llevar su cancionero popular a cada región que visitase, pero también conocer cada palmo de la tierra que pisaba. Para tamaña aventura, Cafrune contaba con un camión cisterna, que transportaba agua para él, músicos y fotógrafos que lo acompañaban; pero también para sus caballos. Incluso viajó junto con una vaca lechera. Cuenta Yamila Cafrune que cuando se quedaban escasos de alimentos, usaban la leche de la vaca para preparar yogur casero.

La gira fue, en términos artísticos, un éxito, pues le permitió a Cafrune recorrer gran parte del país y hacerse conocido a través de todo el territorio. Económicamente fue, por supuesto, un fracaso: los lugares donde tocaba le pagaban poco y nada, en otros ni siquiera le permitían tocar, pues Cafrune ya estaba prohibido por la dictadura de Onganía. Los víveres escaseaban y cuentan que en varias ocasiones tuvieron que dedicarse a la caza y pesca para poder comer.

Pero más que nada es este vagabundear  el que transforma definitivamente al turco en lo que ya estaba dentro de él. Un gaucho norteño, un infernal de Güemes que recorre la pampa indómita con su guitarra, de a caballo, cantando, observando y reflexionando sobre la condición humana. En ese eterno andar, Cafrune se mezcla y se une a la tierra, la gente y el entorno: se hace uno con el pueblo, con ese pueblo que anda de a pie, que trabaja de sol a sol, ese pueblo que sufre, pero que lo acobija siempre.

Cóntale tu pena al viento y el viento las cantará

Jorge-CafruneFinalizada dicha gira, Cafrune se retira a vivir a Los Cardales, junto con su mujer y su primer hija. Pero el estar quieto no era parte de su vida, y apenas establecido, es convocado por nada más y nada menos que Hugo del Carril para formar una comitiva artística que visitaría los Estados Unidos y luego pasaría por España.

Esta gira fue tan exitosa, que Cafrune no volvería al país hasta el año 77’. Al llegar a la ‘Madre Patria’, el turco consiguió la consagración absoluta para su carrera. España lo acobijo y enamoró, tanto que pasó sus últimos diez años de vida allí, boyando de país en país, llevando el canto del viento a cada rincón europeo que se topase con su figura, enfundada en una guitarra, apeada en un caballo.

Varios registros quedaron de estas giras, en torno a grabaciones. Específicamente, dos presentaciones en vivo para la televisión española: una para un programa de las islas Canarias y otro para la famosa TVE, presentado por nada más y nada menos que Rafaela Carra. Allí se puede ver claramente el magnetismo, la presencia y la fuerza que el turco transmitía en países y lugares tan lejanos a su querida patria.

De su paso por Estados Unidos quedaron discos y temas que muy probablemente haya grabado o ejecutado estando en las tierras del norte. El disco en cuestión se llama ‘Jorge Cafrune en las Naciones Unidas’ y fue grabado en el 76’, en dicha organización. Allí el turco deleita al auditorio con las coplas más hermosas de nuestra América, que desentonan o llaman la atención, teniendo en cuenta el momento histórico que tocaba vivir a nuestro continente: dictaduras militares por todos lados, persecuciones políticas -Cafrune las había vivido desde el año 64’, en el que pusieron una bomba en su casa- desapariciones forzadas… más ahí estaba el turco, recitando el Martín Fierro en la ONU, cantándole a los peones tabacaleros, hablando del Payador Perseguido y guitarreando su zamba de la esperanza, que no era suya, pero bien sabía él que los poetas que cantan al pueblo, no son dueños de sus coplas, sino tan simple transmisores de un sentir popular.

Males que conocen todos pero que naides cantó

El disco grabado en la ONU fue el último que Cafrune lanzaría. En el año 77’, su padre muere y regresa a la Argentina, luego de casi diez años de ausencia. La situación en el país era, como todos sabemos ya, trágica.

El Turco formaba parte de las listas negras hacía años. Cuentan que López Rega -que lo consideraba comunista y subversivo- dijo de él que era más peligroso Cafrune con una guitarra que un ejército con armas. Y no era para menos. Si uno repasa el cancionero que tocaba Cafrune bien puede entenderlo: ningún militar podría permitir que sus canciones sonaran en la radio. Tal es así que los discos del turco no sonaban en los medios masivos; en la Radio Nacional de Córdoba, todavía conservan una copia de un LP de Cafrune, con los nombres de las canciones que no podían sonar. Allí figuraba Zamba de mi esperanza, tachada y rayada con un clavo. Una canción que simplemente habla de la esperanza, uno de los sentimientos humanos más nobles y movilizantes. Era claro que para la dictadura hablar de esperanza era un acto rebelde en si.

Y ni hablar si pensamos en canciones como El pájaro revolucionario. Este recitado es quizás uno de los menos conocidos del Turco, que normalmente se lo asocia a Zamba de mi esperanza, Balderrama, Rubia Moreno y otros éxitos que suelen incluirse en las compilaciones. El poema es de Oscar Alfaro y dice lo siguiente:

Ordena el cerdo granjero:
    “ ¡ Fusilen a todo pájaro ¡ “.
    Y suelta por los trigales
    su policía de gatos.
   
    Al poco rato le traen
    un pajarillo aterrado,
    que aún tiene dentro del pico,
    un grano que no ha tragado.

     “¡ Vas a morir, por ratero ¡”.
    “¡ Si soy un pájaro honrado,
    de profesión carpintero,
    que vivo de mi trabajo ¡ “.

    “ ¿ Y por qué robas mi trigo ¿”.
    “¡ Lo cobro por mi salario,
    que Vd. se negó pagarme,
    y aún me debe muchos granos ¡,
    y lo mismo está debiendo,
    a los sapos hortelanos,
    a mi compadre el hornero,
    y al minero escarabajo,
    a las abejas obreras,
    y a todos los que ha estafado.

    ¡ Vd. hizo su riqueza,
    robando a los proletarios ¡ “.
    “ ¡ Qué peligro ¡, ¡ Un socialista ¡.
    ¡ A fusilarlo en el acto ¡”.
    “ Preparen, apunten…, ¡ fuego ¡”.
    “ ¡Demonios, si hasta los pájaros
    en la América Latina,
    se hacen revolucionarios ¡

Visto de esta forma, es entendible los tildes de comunista y subversivo: los militares sabían donde metían el ojo. No se quedaban con una zamba de la esperanza: esa simplemente era la excusa. Pero Cafrune jamás se sintió comunista: él se nombraba nacionalista con C y no con Z. A diferencia de su amiga, Mercedes Sosa o Horacio Guarany, jamás militó en partido alguno. Simplemente llevaba una forma de ser americana: al igual que muchos próceres de Mayo, Cafrune creía en la unidad latinoamericana. Toda su obra y andar dan cuenta de esto. De esta forma grabó discos como Aquí me pongo a contar… cosas de Martín Fierro; El Chacho, vida y muerte de un caudillo;  Yo le canto al Paraguay, Ando cantándole al viento y no solo por cantar y La independencia, solo por mencionar algunos. Este último disco es una epopeya musical sobre los procesos revolucionarios que enfrentó nuestro país y sudamérica, allá por los albores de 1810.

No me nuembren que es pecao

    Tú piensas que eres distinto,
    porque te dicen poeta
    y tienes un mundo aparte,
    más allá de las estrellas

JORGE CAFRUNE-YO LE CAl regresar a la Argentina, Jorge Cafrune fue invitado para actuar nuevamente en el Festival de Cosquín del año 78’. El turco jamás podía despegarse de su público, que era el pueblo. Él se debía al pueblo, porque el cantor que recoge las coplas del viento, debe volver siempre a andar a través de los caminos del hombre de a pie.

Cuando llegó el momento de subirse nuevamente al escenario de Cosquín, que tantas alegrías y amistades le dió, el público le pidió a Cafrune un tema. Una simple canción, una zamba hermosa que lleva la esperanza consigo. Como dijimos, ese tema estaba prohibido, pero Jorge, que siempre había sido galopeador contra el viento, no pudo evitarlo: ‘aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar’.  Sin saberlo, el turco había firmado su sentencia de muerte.

Luego de la actuación en Cosquín, Cafrune se embarca en su última gran aventura. De su estadía en Europa, había traído un cofre con tierra de Boulogne sur mer, el lugar donde falleció nuestro libertador Don José de San Martín. El 25 de febrero se cumplían doscientos años del nacimiento del Santo de la Espada y Cafrune, siempre a contramano -recordemos que conmemoramos muertes y no nacimientos- se preparaba para una travesía a caballo hasta Yapeyú, lugar de nacimiento del libertador, para depositar el cofre con la tierra del lugar donde San Martín fallecía. Con una marcha programada de 30 km por día, Cafrune salía desde la Catedral de Buenos Aires a Yapeyú, un 31 de enero de 1978.

A la altura de Benavídez, una camioneta a toda velocidad lo embistió con tal fuerza que logró tumbar al caballo, que pesaba media tonelada, y arroja a Cafrune a un costado de la ruta. La ambulancia no llega y Jorge tiene fracturas en diez costillas y politraumatismo de cráneo. Queda tendido, tirado, esperando una ambulancia, mientras recibe unos pobres y escasos primeros auxilios. El conductor de la camioneta jamás se detiene y nunca es encontrado, aunque los vecinos de la zona decían reconocerlo.

El crimen quedó como un simple accidente vial que jamás se investigó. Lo cierto es que nada de accidental podía tener una muerte así. Salvador Horacio Paino, un ex militar arrepentido, contó en su libro ‘Historia de la Triple A’, que Lopez Rega, desde el exilio, orquestó la muerte del folklorista. Dice Paino en su libro que Cafrune no podía ser ejecutado-secuestrado, sino que se necesitaba planificar algo más complejo para que quedara impune.

Este testimonio se suma a otro, el de Teresa Celia Meschiati, detenida en el Centro Clandestino de La Perla, que funcionaba en Córdoba. Según lo declarado en el Legajo CONADEP Nº4279, la sentencia contra Cafrune ya estaba escrita antes de que este decidiera ‘romper’ con la censura de sus canciones. Dice Teresa:

Los militares allí presentes (en La Perla) coincidieron en que había que matarlo para prevenir a los otros (el que dijo esto fue el Teniente Primero Carlos Villanueva)…[…] el clima esa semana en La Perla fue de gran nerviosismo. Decían que estaban preparando una ‘operación especial’…Después Cafrune que volvía a caballo por la ruta fue arrollado por una camioneta que huyó…Grandes abrazos y enormes risas de satisfacción. Dijeron que el operativo especial ‘se había cumplido’.

Jorge Antonio Cafrune llegó con vida al hospital de Benavídez; de allí lo movilizaron a Tigre y luego a Vicente López, trayecto en el que murió. Sus ultimas palabras, dirigidas a su compañero Gutierrez, que lo acompañaba en la travesía, fueron las siguientes: Es mejor que me maten…no aguanto más…Te encargo mis hijos, que no les pase nada. El turco abandona este planeta en las primeras horas del primer día de febrero.

La familia del artista siempre se mantuvo al margen de estas investigaciones. Ellos, al día de hoy, insisten en que fue un accidente. La justicia, por su parte, jamás investigó estos dos testimonios ni los relacionó con la muerte de Cafrune. Por mi parte me queda la certeza del asesinato: cuando muchos artistas tuvieron que exiliarse, Cafrune volvió y no se calló. Esa era su manera de andar: pues los gauchos jamás dejan de gritar sus verdades ni cabalgar su patria. Hoy Cafrune tendría 80 años y seguramente andaría, igual que antes, de a caballo por la Patria. El payador perseguido fue silenciado, pero su canto es inmortal, pues Cafrune es parte de aquello que Yupanqui llamaba el canto del viento, que es eterno, etéreo y atraviesa los pueblos desde sus entrañas profundas:

Y aunque me quiten la vida
o engrillen mi libertad,
o aunque chamusquen quizá
mi guitarra en los fogones,
han de vivir mis canciones
en el alma de los demás.

No me nuembren que es pecao
y no comenten mis trinos,
yo me voy con mi destino
pal lao donde sol se pierde,
tal vez alguno se acuerde
que aquí canto un argentino…

Querido turco, voz del pueblo, alma del viento que cabalga eternamente tras los caminos del hombre, desde aquí te rendimos el más sentido homenaje, que es lo único que podemos hacer, pues la justicia parece haber olvidado tu causa, pero nosotros jamás dejaremos de oír tu canto.

Facebook Comments
Visit Us On TwitterVisit Us On Facebook