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Handmaid´s Tale o la madurez del discurso audiovisual feminista

Por Sebastián Mangione

Salga o no la ley de despenalización del aborto en nuestro país, hay una cuestión que es absolutamente irreversible: el tema interpeló y atravesó a la sociedad de manera transversal y explícita. La marea verde trajo consigo un cuestionamiento del status quo heteropatriarcal como nunca antes habíamos vivenciado en este país. El aborto y su despenalización es solo la punta de este complejo fenómeno social que marca una bisagra en el modo de cuestionar a una sociedad llena de preguntas pendientes. Como contrapartida, la desesperación de los representantes de ese orden social puesto en crisis, sacan lo más desesperado y carnal de su repertorio desnudando así los secretos más crueles ocultados por la moral y las buenas costumbres desde hace ya mucho tiempo.

La verdad que Argentina presenta un contexto que resulta extrañamente ideal para el desembarco de uno de los más grandes éxitos de la TV mundial en estos últimos dos años. Estamos hablando de The Handmaid´s Tale, la serie creada por Bruce Miller que adapta la novela de Margaret Atwood editada en la década del ochenta.

Mas allá de que el género distópico viene ganando una saludable vitalidad en el ámbito audiovisual, la serie protagonizada por la talentosa Elizabeth Moss encuentra un importante plus en el contexto que mencionamos antes y logra un equilibrio que supimos ver en la mejor versión de Black Mirror: no mostrar el asunto distópico como un suceso tan lejano.

La serie cuenta hasta el momento con dos temporadas y la confirmación de una tercera que se estima, saldrá para el 2019. Pero hasta ahora, ha hecho una gala de recursos que difícilmente puedan encontrarse todos juntos en una misma serie.

Comenzando por su trama, la construcción de la nación ficticia de Gileard y todo el complejo entramado político y religioso que construye la serie tiene una solidez admirable. La serie realiza una puesta en crisis de las sociedades liberales modernas, a partir de los flashbacks fragmentados por toda la serie dosificados con un sentido del ritmo que es absolutamente admirable. Y cuando hablo del ritmo no hablo de velocidad, sino de la construcción de una noción temporal que le da a esta serie una impronta única. Gileard es el resultado de la desesperación de una sociedad acorralada.

Una de las novedades que se pueden encontrar en esta serie que la distancian de otras series del género es el manejo de los conflictos internos de los personajes. El permanente tormento que viven los protagonistas (y varios de sus antagonistas) puesto en conflicto con la necesidad de reprimir todo lo que les pasa por la necesidad de sobrevivir, situación que la serie lleva a los extremos más insospechados sin necesidad de apelar al lugar fácil o al golpe bajo.

Handmaid´s Tale no es un producto fácil. Se vale de recursos dramáticos no tan frecuentados por las series de la actualidad, principalmente el uso dramático del silencio.
Otro de los puntos fuertes de la serie es la construcción espacial. La mayoría de los planos de Gileard son cerrados y siempre tenemos una sirena o un agente hablando por radio, cuestión de jamás abandonar la sensación de permanente vigilancia. El código se construye desde el primer capítulo y nunca se abandona, haciéndonos prisioneros de la opresión que se vive en aquel lugar.

Si bien la inmensa oferta televisiva actual cuenta con inmensas actuaciones en algunos de sus productos, no podemos dejar de mencionar que Handmaid´s Tale descolla en este aspecto. Elisabeth Moss ya había demostrado con su rol de Peggy en la aclamada Mad Men que podía encarnar papeles complicados. Pero en su papel de June Osborn (o de Offred para los opresores), la actriz  despliega un abanico dramático sencillamente impresionante.

Aunque todo el elenco realmente tiene una tarea titánica a la hora de encarnar las exigidas escenas de la serie, merece un paréntesis Ann Dowd. La actriz que ya venía de tener una recordadísima intervención en Leftovers le da vida a Tia Lydia, uno de los papeles más atractivos de la serie.

Aprovechando la fuerza de su trama para insertar una realización que exige una gran madurez por parte del espectador, Handmaid´s Tale pone sobre la mesa de discusiones temas como la maternidad, la religión, la política y el poder, atravesados por una clara crítica de enfoque feminista. Lo interesante de esto es que el producto es tan profundo, que el feminismo de su mirada no necesita postulados como “comienza el matriarcado” para hacerse valer. El lenguaje audiovisual, utilizado en su máxima expresión, se pone al servicio de la problematización de estos asuntos, dando por resultado una de las series más interesantes de los últimos años.

Termine como termine, estas dos temporadas de Handmaid´s Tale ya le han hecho mucho bien al acervo de grandes producciones audiovisuales pensadas para televisión. Y dado el nivel de muchas de estas producciones, no es poca cosa.

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