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Crítica a la serie “Atlanta”: una inmensidad de formatos audiovisuales

Por Sebastián Mangione

Cuando abrimos esas plataformas (legales o ilegales) en las que miramos series y películas, generalmente nos encontramos con un storyline promocional, es decir, unas pocas líneas en las que nos aclaran a grandes rasgos de qué va la serie o la película que vamos a ver. También nos dan más datos como el género, quien la protagoniza, de qué año es, etc. Atlanta debe ser uno de los productos audiovisuales más enemistados con esa información extra desde que esos datos se utilizan para guiar al espectador en el vasto mundo de las plataformas de contenido.

Y cuando digo esto no me refiero a que Atlanta no cumpla con su postulado de trama central. El cuentito sería algo así como “un joven padre afroamericano que abandona sus estudios universitarios se involucra como manager de su primo, un rapero emergente de la escena de Atlanta en búsqueda del éxito, tanto para ellos como para su contexto más cercano”. Eso lo vemos y la narrativa macro cumple de un modo prolijo y equilibrado.

Pero la pregunta es: ¿verían la serie al leer ese storyline?

Sé que basarse en estos datos preliminares no es muy recomendable a la hora de ver algo pero, mal que bien nos dan un pantallazo general, fundamentalmente de la trama y del género. En Atlanta podemos percibir, luego de leer esta información, que estamos en presencia de una comedia costumbrista afroamericana (o lo que normalmente se conoce como género, el subgénero hood). En este ambicioso proyecto de Donald Glover, la sensación que podemos llegar a sentir luego de ver varios capítulos es que estamos muy lejos de ese storyline. Y, además, estamos muy lejos de encontrar un género o una forma madre.

Justamente el gran valor de Atlanta es que pone todo el tiempo bajo la lupa una inmensidad de formatos audiovisuales. Esto que menciono es muy normal en las parodias o en los homenajes pero esta serie no parodia nada y si hace homenajes, es a sí misma. Si a priori creemos estar viendo una serie de comedia, un capítulo como “Teddy Perkins” que tiene elementos de terror y slasher o el suspenso contextual de “Woods” en donde el lugar saca a la superficie la locura, y la vulnerabilidad de Paperboy (algo similar a lo que sucede en el viaje de Apocalypse Now), llevándonos a las orillas del terror psicológico, ¿cómo hacemos para poder sintetizar esto en la información previa?

Por supuesto que hay muchísimos elementos recurrentes del humor afroamericano (“Barbershop” es una clase de comedia hoodie) pero, tal como sucede con la carrera de Glover como rapero (para algún despistado, Donald Glover es Childish Gambino cuando hace música), lo impredecible juega un papel fundamental. Luego de ver un par de capítulos ya no nos sentimos guarecidos por la promesa del género en nuestro menú de selección, ni del verosímil, ni de nada. Atlanta es una experiencia que nos somete a la voluntad de Glover para ver cómo, dónde y en qué lugar se le ocurre contar algo más de la historia de estos personajes tan bien logrados y trabajados, tanto desde el guión como desde la actuación. En conjunto con una magistral técnica del género que se le ocurra abordar o inventar, Atlanta nos propone policiales, dramas familiares, comedia, realismo mágico y hace que todo eso logre constituir un lenguaje propio.

Glover, como buen barroco posmoderno, hace citas de las citas. Porque las referencias que tanto le gustan al espectador llueven en esta serie. Pero todas están al servicio de un lenguaje, el del autor y su producto. Porque sí, Atlanta es producto de la visión de un autor. Y de uno muy bueno.

Será cuestión de esperar y ver si una tercera temporada le da continuidad a las aventuras de Earn, Paperboy, Darius y compañía. Aquí la esperaremos, risueños, confundidos y maravillados.


Sebastián Mangione es Guionista y escritor de cuentos y relatos cortos.
Contacto: mangione.garcia@gmail.com

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