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Pasar las de Caín

Por Sebastián Mateo –

cain el parapetoCaín era el hermano de Abel, ambos hijos de Adán, el primer hombre. Caín era humano, demasiado humano. La historia es harto conocida: Caín estaba celoso de Abel porque éste tenía el visto bueno de Dios y era el preferido; eso le valió su muerte, ya que Caín se lo cargó sin piedad. Como castigo por su crimen, Dios condenó a Caín a una vida eterna de trabajos forzosos y flagelos múltiples. De ahí viene el dicho: “pasar las de Caín”.

El problema de Caín, según la moraleja que nos cuenta la biblia y que se enseña en toda institución católica, fue la ambición desmedida, la codicia, la avaricia, el darle rienda suelta a las pasiones más oscuras. Quería ser el mejor, quería ser el único, quería ser visto a los ojos de Dios del mismo modo que su hermano Abel, pero tomó el camino corto y lo hizo por la vía del pecado y no trabajando honradamente para ser tan bueno como su hermano.

La biblia, por supuesto, miente. ¿Por qué? Porque la biblia es la patronal, es el poder hegemónico, es la burguesía. El problema de Caín no fue la ambición desmedida, sino por el contrario, su falta de ambición. Caín carecía de conciencia de clase. En lugar de ir, ambiciosamente, por el dueño del circo, mató a un mero empleado como él. Nunca pensó en romper con las relaciones jerárquicas que hacían que ambos, él y su hermano, deban rendirle pleitesía a Dios y ganarse su visto bueno para ser felices. Caín y Abel eran proletarios del mundo, meros plebeyos, peones en el juego de ajedrez de Dios. El verdadero enemigo era el barbudo, ese que estaba parado en un panteón de nubes, rodeado de placeres en un puto paraíso, mientras él y su hermano se rompían el lomo para entretener a ese viejo verde moralista que se da el lujo de castigar a todos acorde a su carácter arbitrario. Ahí tenemos una muestra de lo que te pasa por ser un desclasado, un reaccionario que apunta siempre a los propios y defiende los intereses de la patronal.

Al principio todo es joda y diversión, matás a Abel y fantaseás un rato con ser el hijo pródigo, pero tarde o temprano la patronal te caga y te condena a una eternidad de trabajos forzosos afuera del paraíso. ¿Y por qué te cagó Dios? Fácil hermano, porque Dios tiene más fuerza, y cuando creó todas las cosas, no las hizo a su verdadera imagen y semejanza como nos quieren hacer creer los ladris esos que laburan para la patronal; no señor, Dios creo ciervos más débiles que él. ¿Por qué? Para controlarlos y hacerlos hacer pelotudeces bajo la amenaza de su furia iracunda. Por ejemplo: no usar el nombre de Dios en vano. ¿Qué clase de loco mesiánico te castiga por usar su nombre en una forma que a él no le cabe? ¿O acaso al todopoderoso no se le puede gastar una broma , ponerle un apodo gracioso como al común de los hombres. Tiene coronita el Señor? ¿Es un intocable?

Cuando los creó a todos, el barba no fue ningún boludo, se quedó con todo el poder y al resto los hizo humanos, bien humanos. Si los humanos se andan matando entre ellos, el barba se divierte castigándolos creativa y lúdicamente; si los humanos se portan bien y le ofrecen pleitesía a Dios, el barba la pasa joya siendo adorado en el paraíso, mientras que los simples mortales lo entretienen y pasan las de Caín en el mundo terrenal. Porque la vida es así, en el viejo testamento o en el siglo XXI: cuando cagás a tus hermanos para agradarle a un viejo oligarca que ni siquiera te registra, pasan estas cosas. Ya lo dijo el Martin Fierro:

Los hermanos sean unidos

Porque esa es la ley primera  

Tengan unión verdadera

En cualquier tiempo que sea

Porque si entre ellos pelean

Los devoran los de afuera.

Y así fue. Por eso es importante la reforma protestante, porque cada uno ahora puede hacer su propia lectura de los textos sagrados. Y por eso esos viejos burócratas de las cúpulas eclesiásticas no estaban de acuerdo; mirá si venía cualquier boludo como yo y le decía a la plebe: “¿vieron la historia de Caín y Abel? Bueno, se las contaron siempre como el culo. Resulta que Caín era un boludo, pero no por violar el mandamiento de no matar, sino por matar a Abel, que era un cuatro de copas,  y no ir y cargarse al pez gordo: Dios. La moraleja de la historia es que si no matás a Dios, Dios te termina fifando por toda la eternidad. ¿Y cómo se mata a Dios? Con la ayuda de Abel, obvio, al que mataste porque sos un nabo desclasado que se comió el chamuyo de la patronal.”

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