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Cualidades de la no cotidianidad

Por Rocío Deguer

Es efímero y placentero, como una dosis de cocaína suministrada con jeringa, como los primeros segundos de The End, como el principio de esa prosa desconocida. Tiene olores propios y se siente bien en zonas inciertas de la propia anatomía, se siente seguro y peligroso, y como si nada, de repente, el mundo es un lugar mejor.

Dura lo que duran las cosas que están bien, que es aproximadamente un minuto y medio. Un minuto y medio de embelesamiento promiscuo, denso, doloroso de una forma ambigua, y se apaga de a poco hasta convertirse en recuerdo.

Lo rememorás, lo deseás, lo necesitás, pero ya cambió de forma. Lo sólido se desvanece en el aire, y lo efímero y placentero se desvanece en recuerdos, para volverse intangiblemente tangible, inaprensible pero real.

Y después la cotidianidad.

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